15/4/10

TWITTERIAS EN CAMPAÑA


“Una elección es moralmente insoportable y tan perjudicial como una batalla, a falta de sangre, un baño de confusión para las almas implicadas en ella” Bernard Shaw
Las elecciones ocurren en todas partes, hace algunos días ganó la derecha en Hungría y en Inglaterra están en la recta final. Toda campaña sufre el desgaste de 24 horas continuas de política que en nuestro caso se han prolongado demasiado. A la elección hay que agregar el trámite del referendum, la parapolítica, el agroingreso, la yidispolítica, las chuzadas, los falsos positivos, etc. En estas desfavorables circunstancias los asesores se han inventado la cercanía del personaje público a la gente, al estilo Consejo Comunal, lo que hace que un candidato pueda aparecer en cualquier sitio: fijo en todos los rescates, en la inauguración de una chichería ataviado con carriel y sombrero, en la cocina mientras probamos el ajiaco (lo dijo Gaviria, Uribe hizo muy poco, pero transmitió cercanía).
Para evitar la presión que la contienda electoral ejerce en el ciudadano, una Blogger inglesa recomienda -con algún chascarrillo muy local y la frase de Shaw- que las campañas políticas ocurran sólo en Twitter. Las ventajas son todas para el electorado que podrá preguntar, comentar y conocer de forma concisa, en tan sólo 140 caracteres, cuántas carreteras y escuelas se construirán, cuántos años de seguridad democrática le quedan al país, o el número de vacas que hacen falta para una embajada europea.
Las frases de Twitter evitarían los titubeos incómodos de Mockus, el maquillaje -by CH- de Santos, la risa-no-se-de-qué-hablo de Noemí, el pavoneo de Petro, o el desperdicio de dinero de Pardo y Vargas Lleras en televisión. Es posible que la concreción semántica de cada frase obligue a los candidatos a no mentir a riesgo de ser bloqueados por los usuarios. Bastaría con el seguimiento del tráfico de respuestas y comentarios para obtener estadísticas fiables de la estimación de voto. Datexco y similares se quedarían sin trabajo. Resultaría ecológico no gastar en publicidad callejera, en basura visual y auditiva. Las ciudades estarían más limpias y superaríamos la incomodad de cruzarnos con una manifestación de “pardistas” o “vargaslleristas”, si es que de verdad existen.
Hace una década se pensaba que la era digital agilizaría el voto por lo que celebraríamos plebiscitos y elecciones todos los días, ahora vemos que la modificación está en las campañas por la participación que ganan los electores. Podemos librarnos del espectáculo político, invasivo, basado en insoportables debates, anuncios publicitarios, el besuqueo de niños indefensos o el marcaje de ganado junto a los que cuidan la finquita -& friends-, lo que sería sustituido por un “cuando quiero escucho y participo”, “formulo preguntas para sumar mi opinión a las respuestas”, “y si no estoy de acuerdo, lo expreso y lo discuto”.
Resulta contradictorio, en los tiempos que corren, pensar que el país no esta preparado para la participación política digital, ni para candidatos que centran la estrategia de su campaña en los recursos de la red, menos si se trata de los temibles “aaaacaaaadéeeeeemiiiiicoooooos”. La política digital ha comenzado en el país y hay antecedentes, recordemos las iniciativas ciudadanas contra la reelección, el blogueo de opinión y la manifestomanía que encendió las redes sociales.
No creo que estos cambios sean para Dinamarca más que para Cundinamarca. Este es un prejuicio común a los medios tradicionales cada vez que nos repiten aquella miedosa advertencia: lo que sucede en Internet no tiene por qué pasar en la realidad, el twitteo político no puede sustituir al tamaleo electoral.

1 comentario:

Ana Lechuga dijo...

¡Qué buen artículo! gracias por esa redacción tan entretenida, me gustó enterarme de tus opiniones.

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