16/10/07

Isola delle femmine






Un día antes de salir de Palermo conocí a dos Restauradoras -Deustche Leute-, hablamos del encanto de Palermo derruido, sucio, mal oliente, perros callejeros tan grandes cómo un ternero y del aviso en las habitaciones del hostal de Sferacavallo: “Por favor no invite a pernoctar a los gatos en la habitaciones”. También les dije que hubieran hecho un maravilloso trabajo de restauración y desahucio con mi corazón, si hubiera tenido un día más en Sicilia. Al día siguiente pase por la Favorita, el estadio de la rossata, de camino al aeropuerto con más carabinieri y sabuesos de toda Italia, daba a patrulla por avión. El domingo Palermo ‘parejo’ a uno con el Torino. El duelo norte-sur a empate de nuevo.
A los perros los alimentan los tres mercados del centro, el da Capo es el mejor. Se quedan los restos de atún y las sobras de los pulmones de cerdo con los que se prepara la Milza. La hamburguesa siciliana que es un focaccia -una mogolla blanquita- que una vez abierta recibe los trozos de aquel embutido de pulmón sofrito en aceite de oliva -de los olivos que están en las faldas, alrededor del puerto-. Salvatore me preguntó con los tres dientes que le quedan:
-¿Milza possata o marejata? -tres deditos juntos agitados de arriba hacia bajo y la risa del público, incluida la labios de acero de su hija. Me quede sano.
‘Possata’ es solo Milza y pan; ‘marejata’ con limón y queso. En la Focacceria de San Francisco la Milza es a euro y medio. Es un embutido que sabe a higaditos muy amargos, pero que el limón y el queso arreglan. Huele a puro aceite de oliva, mojadito en la mogolla. En los mercados la Milza se come junto a la Cancina, otra delicia barata que es un buñuelo de arroz con centro de bolognesa, de la que sobró del día anterior, bien dulce y con arvejas entreveradas. Aun tenía cancina entre los dientes cuando llegue al patio -cortile- de la Catedral. La infausta suma de camaritas digitales de todos los tamaños, disparadas en todas direcciones por todo tipo de especimenes, algunos de piernas pálidas y sombrero de pesca me dejó sobrecogido. Todos tienen una cámara que disparar, todos tienen una foto que mostrar, las lentes echan humo en estos sitios tan casuales. La catedral de Palermo es bizantina, normanda, es una ex mezquita sin naranjos y el coro está decorado en el exterior por las mismas paginas de la geometría de Euclides o el algebra de Baldor. Todo cuadraditos, estrellitas, circulitos mareosos. No había nadie sacando fotos de los triangulitos.

1 comentario:

VIEJOSKR dijo...

L'italia... que bien viene. como una película de Vittorio de Sica... tan parecidos y tan distintos. Que bien viejo Phil, ese vientecito entre las piernas, ese aire entre las cercanías...

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