19/8/07

UN CANDOROSO EPÍLOGO PARA EL CASO ABAD

Hace algunos meses EL PELLIZCO publicó unas crónicas bajo el título “La invención del autor”. El tema era la espuria factura de un verso de Borges que daba título a una celebrada novela de Abad y la testarudez de este último, quien se negaba a confirmar la impostura que inventó el soneto, cuyo primer verso sería después un cuestionado título. Este caso, por sí mismo ya es borgesiano, pues el autor de la novela y los émulos del escritor argentino decidieron pactar un silencio cómplice regido por un ‘sólido’ argumento: tal como Pierre Menard escribe el Quijote, Alvarado y Ospina escribieron los sonetos de Borges. (¡Bravo!…clap, clap, clap)
Las crónicas estaban dedicadas a este curioso ejercicio de imitación, a las versiones contradictorias de Abad sobre el origen del verso y a la tozudez de la intelligentsia criolla que le dio la espalda al asunto. No se trataba de cuestionar la versión del origen de este verso tal como aparece en la novela, Héctor padre creía que el soneto era de Borges, sino de preguntarle a Héctor hijo por qué se había tomado veinte años y la publicación de una novela para preguntarse en un preocupante estado, de ansiosa inquietud y clamorosa sospecha, si el tal soneto era o no de Borges.
En la reciente edición del semanario para el que escribe Abad se publica un artículo que sirve de candoroso epílogo a la conveniente terquedad del escritor. El argumento principal con grabaciones de radio y revistas de coleccionista bajo el brazo es: Si Hector padre creía que el soneto era de Borges, Hector hijo veinte años después, con una carrera literaria a cuestas, también puede creerlo y hacer que sus lectores lo crean, y está en todo su derecho.
Quedaron atrás aquellos artículos en que se negaba a aceptar que el tal soneto no era de Borges sirviéndose de los argumentos de unas señoras, muy leídas, con las que solía tomar el té en una terraza del parque Lleras:

“Como yo llevo meses tratando de averiguar si es de Borges un poema que parece que no es de Borges, tengo una amiga, María Ospina, que me asegura que lo es, porque encontró el siguiente verso en Los conjurados, el último libro del argentino: "Ya somos el pasado que seremos".” Semana (03/24/2007)

Como no podía ser de otro modo Abad le dedica un párrafo a las crónicas del PELLIZCO que parece leyó alguna vez:

“Yo declaré mi estupor ante esta historia, que parecía inventada por el escritor argentino, y terminaba mi artículo pidiéndoles ayuda a los especialistas en Borges. A algunos de los más importantes les escribí. Me trataron con una displicente cortesía. Daniel Balderston, de la Universidad de Iowa, sentenció: "No es de Borges. Es una buena imitación de Harold Alvarado con la colaboración de William Ospina". Esta respuesta fue tan celebrada que hasta un blogger colombiano le puso "risas enlatadas en el fondo".

En este párrafo parece que fue Abad el que escribió al Borges Center de la Universidad de Iowa para consultar a un especialista ¿Para qué iba a hacerlo si ya sabía la respuesta?. Lo siento Héctor fuimos nosotros los que escribimos, aunque usted se toma el trabajo de traducir parte del mail publicado en el PELLIZCO. También nosotros pusimos ‘las risas enlatadas al fondo’ y no ‘en el fondo’ porque este lío del soneto de Borges no da más que risa.
Resulta gracioso que los sonetos pertenezcan a una edición que nadie conocía, hasta que Alvarado recordó, no se sabe bajo el efecto de que sustancia, el nombre de un editor-autor desconocido. Todo gracias a los oficios de la Señora Ospina que conoce una edición igual de desconocida de ‘los conjurados’ en la que hay un versito que tiene cierto parecido con el título de la novela ¿Qué tienen que ver estas dos ‘ediciones’? Abad no aclara si son la misma y tampoco cuál contiene los sonetos.
Esto aun deja sin explicación el por qué Alvarado y Ospina asumen la autoría de los sonetos en la revista Variaciones (2006), y Alvarado hace lo mismo en Número (1993, editado de nuevo en 2007). El caso es que alguno de ellos -o todos incluyendo Héctor- conocía al autor de los sonetos y la supuesta edición en la que aparecen ¿Por qué han tardado tanto tiempo en decirlo? Da grima pensar que hablamos de una imitación -título de novela- de la imitación -cinco sonetos de Borges- de una incierta imitación -editada en Mendoza- en la que nadie admite quien imitó al imitador o quien se trago toda la historia del 'original' de Borges, sin rechistar. Si todo este enredo es cierto y le creemos a Héctor habría que asumir que estos sonetos ‘auténticos’ escaparon durante más veinte años al celo con el que Maria Kodama -y sus abogados- manejan los derechos del escritor argentino. Los héroes de la historia son los editores-autores, muy pero que muy desconocidos, y las revistas o periódicos -con fecha por confirmar- que publicaron aquellos sonetos con el nombre de Borges.

2 comentarios:

El Club de La Cabala dijo...

Como aqui a lo que invitan es a dejar burradas, aqui va un rebuzno...

Este pellizco de El Pellizco, estresa.

Salud al Filo y al resto del combo...

Nestor
El Club de La Cabala

El Pellizco dijo...

Serenidad, cari, echate una mazanilla para esos nervios...respira uunooo, dooosss....

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