14/5/11
Ars utinam...(reloaded & corrigenda)
19/4/11
Filósofos...buen nombre para una cerveza (o qué hacen los que por fin hemos conseguido no hacer nada)

I
Llego tarde al debate, lo siento, pero me gustaría empezar por aquella exaltación con la que los llamados a sí mismos “filósofos” -por título académico o ejercicio profesional- responden a una intencionada pregunta “de titular” hecha para “picar lenguas” (¡nada más!). Sin duda, el centro de la polémica son los “estereotipos” que rodean a la representación pública del filósofo y el perezoso esfuerzo de los primeros interrogados por superar una -dicen…- equivocada imagen. Los otros aludidos, en esta suspicaz pregunta, sienten una insoportable “piquiña” y se lanzan a responder con valentía -de gremio- acerca del por qué ellos consideran que ellos mismos, como filósofos, rompen los “estereotipos” e intentan erigirse, a sí mismos, una vez más, como ejemplos de la imagen reguladora que ahora debemos tener de la función pública del filósofo.
En mi opinión creo que no hay estereotipos que atacar, ni “vidas filosóficas” que defender o reivindicar. No hay que generar una histeria profesional porque a un periodista se le ocurre preguntar si entre el filósofo y la sociedad existe una cordial relación de indiferencia. Cualquiera que no sea redactor, de Arcadia, sabe que los buenos de Sierra, Zubiria y Parra no han hecho a lo largo de sus vidas más que su trabajo y lo han hecho bien en un país bastante complicado…incluso para respirar. Sierra fue de los primeros en transmitir la obra de un profesor exiliado en Nueva Zelanda que habló de un modelo, bastante problemático, de “sociedad abierta” ¿Tiene algo de estereotipado enseñar las claves de un asunto prioritario para el “paisito” que nos ha tocado en gracia? ¿No es suficiente la educación y el trabajo académico como respuesta a la función pública del filósofo? Algunos, al parecer, le hacen el juego a un titular y se olvidan de las edades y las respuestas que han pasado por esta sugerente cuestión ¿Qué demonios hace un filósofo? Pregunto a los corresponsales de este debate si es posible tratar esta cuestión según el lugar, el tiempo y la sociedad en la que vivimos. Será exigir mucho pedir un poco de sentido común y menos twitteo aforístico.
II
Aquel diplomático florentino, a bailes con una excéntrica familia que le pagaba por sus notables servicios, decía que si observamos la historia los filósofos no entran los primeros en las ciudades conquistadas, lo hacen entre los rezagados, escondidos en los carros de heno que entran junto a los cocineros y al burdel de campaña. Siglos después al hijo del pastor, luego filólogo, pero entusiasta de la artillería prusiana, le hubiera disgustado que le juntaran con las diversiones de la soldadesca. Igual que al indispensable heredero vienes que se alistó en la Gran Guerra para acabar en un campo de prisioneros dándole vueltas a la idea de que ciertas expresiones mejor debían callarse, porque resultaba inútil intentar decirlas. Ni que hablar del deber que cumplió el ateniense más feo y más preguntón de la historia en las guerras espartanas, reclamo que sus defensores usaron para salvarle de una irrevocable condena: no creer en los dioses. También está aquel que fue vendido como esclavo por diferencias irreconciliables con su discípulo, un tirano cualquiera, y qué decir del emperador que sucedió a Adriano. Estos son los filósofos a veces prisioneros, otros emperadores, muchos soldados, vagabundos, jorobados, diplomáticos, preceptores, extrañados por sus pueblos o condenados a la soledad.
Cuando me asomo a esta “personajada” busco consuelo en la curiosidad periodística y en el escándalo de los filósofos, muy de blogueo y facebookeo, que se olvidan de otro que intentó en las elecciones anteriores anticiparse a la esperpéntica corruptocracia que ahora gobierna en la figura de ese filipichín renegado, reluctante a la obediencia con el patrón. Si...puede que la ola verde fuera de charco y el surf de la esperanza nacional se truncara, pero ese es filósofo. No entiendo cómo dejamos de hablar de las cosas que tenemos ante nuestras narices e indolentes nos da por el discurrir. Hace falta mucha filosofía…en esos que se dicen filósofos.
12/1/11
La indignación del ángel
“Cada mañana que llega nos informa las novedades que suceden en el mundo. Pero somos pobres sin embargo en historias que tengan interés. ¿A qué se debe esto? A que ya no llegan a nosotros acontecimientos que no vengan entremezclados con explicaciones. Dicho en otras palabras: casi nada de cuanto nos sucede beneficia a la narración; casi todo es informativo”, W. Benjamin, I
El impacto cultural de un libro es el mismo de cualquier otra mercancía: el número de unidades vendidas. Algunos dicen que el libro de Hessel “¡Indignaos!” (Indignez-vous!) ha vendido, desde su lanzamiento en octubre, más de 900.000 ejemplares. Esto le convierte en un superventas (best-seller), a pesar del polémico título, la brevedad de sus páginas, el tono retórico de un manifiesto que incita a la rebeldía no-violenta, a la crítica de la indiferencia frente a la desigualdad, la exclusión social, la violencia, y el dominio infame de los mercados.
Los liberales ingleses y la derecha francesa han descalificado el texto de Hessel por panfletario y folletinesco, dicen que se trata de una narración pobre, carente de cifras y estudios técnicos que sostengan sus argumentos. La carencia de información que rebatir y la urgencia de un posicionamiento ético -el llamado a la responsabilidad individual- frente a la catástrofe humanitaria que vive nuestro mundo convierte a Indignez-vous! en un golpe de suerte comercial, en un producto cultural alineado junto a la crisis del modelo europeo y la búsqueda, un poco anticuada, de respuestas al compromiso social de los individuos.
A Hessel, un hombre de 93 años, miembro de la resistencia francesa, sobreviviente a un campo de concentración, coautor de la declaración de los derechos humanos, le basta con recordar su educación con Merleau-Ponty, señalar las consignas y las contradicciones de Sartre o describir una alegoría de la historia de Benjamin, para mostrarse como un agitador de conciencias, un ‘moralista de la resistencia’ que pretende exaltar una pasión política indispensable: la indignación.
Hessel nos dice “busca algo con que indignarte, seguro que lo encontrarás”. Para algunos la indignación es una emoción menor que no acrecienta la facultad crítica, ni los efectos colectivos de la iniciativa individual. Omitir la indignación como una pasión política que nos incita a la rebeldía, a la crítica de la injusticia, representa el clamoroso olvido de uno de lo epitafios más bellos e irónicos jamás escrito:
“Aquí reposa, el cuerpo de Jonathan Swift, Deán de la catedral, lugar donde la furiosa indignación (saeva indignatio) jamás volverá a herir su corazón. ¡Ve viajero! e imita, si puedes, a este audaz defensor de la libertad del hombre”
La pobreza y el sufrimiento de los irlandeses en manos de las políticas mercantiles de Inglaterra fue uno de los repetidos asuntos de la “furiosa indignación” de Swift ¿No son acaso, los irlandeses aquellos liliputienses que reducen al gigante y luego dependen de él para atacarse unos a los otros? La indignación fue el motor de las sátiras de Swift a las mezquindades humanas que sucumben con facilidad a la corrupción, la servidumbre y la ignorancia como si se tratara de criaturas faltas de racionalidad, asiduos dependientes de una posición social, de la riqueza o el poder ¿No son los refinados caballos de Houyhnhnms los perfectos señores de la débil naturaleza humana? Sin la indignación no tendríamos, ni Gulliver, ni yahoos.
II
La indignación es una pasión política fruto de la crítica a las transgresiones de la vida pública cometidas por gobernantes y corporaciones. Mirar hacia otro lado, justificar la transgresión del bien común en nombre de los intereses particulares es una práctica admitida en nuestra época y divulgada por los medios de comunicación adscritos a un partido, a un gobierno o a un conglomerado empresarial. Los periodistas son los decanos de la indiferencia, pastorean a la opinión pública para que se olvide de las consecuencias de los crímenes contra el bien público. Por definición, todo contenido informativo excluye la posibilidad de la indignación. Los acontecimientos se filtran, se acotan, de tal modo que recibimos el cubrimiento de una guerra o de una hambruna, como un espectáculo informativo en el que sobran los sentimientos. Es ilegítimo y “políticamente incorrecto” indignarse mientras se lee un periódico en Internet.
La mejor manera de potenciar la indiferencia es convertir la corrupción en un espectáculo. Este fin de semana hemos visto a Clooney y a Carter defendiendo la democracia en Sudan, las elecciones fueron vigiladas vía satélite decía el guapetón aquel. Nadie explica por qué en Sudán no hubo ningún organismo internacional que evitara las masacres, el desplazamiento forzado y el hambre. Sin embargo, cuando la gloriosa democracia con sus cajitas de voluntad colectiva y sus papelitos de elección ciudadana llegan a un lugar devastado por la guerra, al mundo sólo le interesa la glamurosa escolta que los acompaña ¡Esto me indigna!
¡Busquemos algo con que indignarnos, seguro que lo encontraremos!
III
Walter Benjamín, amigo del padre de Hessel, adquirió en los años veinte para su colección personal la acuarela Angelus Novus de Paul Klee. La interpretación alegórica de esta imagen es uno de los pasajes más citados Benjamin. El rostro del ángel muestra el espanto, y por qué no, también la indignación, ante el sentido catastrófico de la historia en el que se mezclan la angustia que constata los repetidos estragos del progreso y el inútil propósito de reparar la destrucción.
El indignado, o impotente, horror ante el sueño tecnológico del progreso global, sin límites, es el retrato del ángel que despierta, que retorna a la vigilia para contemplar cómo las limitadas condiciones ecológicas y humanas del planeta son atropelladas. Pero, este arrebato del ángel se ve lastrado por el mismo sueño de la destrucción que restringe la vigilia a un mero instante ¿Se trata del instante de la indignación? ¿Tendrá la indignación algo que ver con la irrupción de la conciencia religiosa en la historia de la transformación material -catastrófica- de la naturaleza alegorizada por Benjamin en el ángel de Klee?
Hessel no ofrece una respuesta, pero repite “busca algo con que indignarte, seguro lo encontraras”. Será esta la consigna que sugiere la posibilidad de un instante de vigilia en medio del sueño tecnológico que justifica las catástrofes del progreso que nos son transmitidas en el gran espectáculo multimediático-digital en el que vivimos. Quizá el consuelo esperanzado de los que buscan acrecentar la vigilia individual frente a la frustración global que obvia la destrucción sea parte de la histórica consigna con la que Hessel finaliza el libro:
“crear es resistir, resistir es crear”
4/12/10
Wikileaks…¿Una película de los 90a?

“WikiLeaks is designed to make capitalism more free and ethical”
Es frecuente escuchar aquello de “acabamos pareciéndonos a lo que leemos”. Louis Aragon decía que para los lectores de novelas, y quizá para sus inventores, las cosas pasan en la realidad como en las novelas, aunque son las novelas las que imitan a la realidad.
Esta paradoja describe el modo en que la circulación ilimitada de “narraciones” acaba por sustituir a lo real. En Internet las cosas suceden como un reflejo digital de lo que pasa en el mundo analógico. Sin embargo, para los usuarios empiezan a pasar cosas en Internet que sólo ocurrían en ese mundo analógico. Grandes comunidades asumen que lo que puede ocurrir sólo sucederá en Internet. La compleja narrativa digital, compuesta de textos, imágenes, videos, música, animaciones, presentaciones p.p., blogs, redes sociales, juegos, simulaciones HD, intenta sustituir a la realidad como un gran metagénero literario.
Durante los años noventa, en el lejano siglo pasado, el cine intentó enseñarnos el modo en que el metagénero digital monopolizaría nuestra experiencia del mundo. En "Matrix" la realidad que conocemos es llamada “desierto” y una programación madre, insertada en millones de mentes, produce energía a partir de los sueños de los seres humanos, lo que mantiene un oscuro mundo de “máquinas”. Hasta que aparece una primitiva conciencia religiosa y la movida se desordena.
Los extremos apocalípticos y paranoicos de la metanarrativa digital se retrataron en argumentos más simples. Por ejemplo, en “The Net” una analista de sistemas recibe el backup de un virus, remitido por unos anarquistas, capaz de manipular los contenidos de la red. Sin saberlo sufre los efectos del virus, su identidad es sustituida por una réplica digital que la involucra en la persecución, real y virtual, de los poderosos inventores de ese gran depredador de información.
II
La lista de aburridas películas que caen en los mismos tópicos digitales y tecnológicos continúa hasta que nos encontramos con Wikileaks. Este es un guión poco predecible, aunque su argumento se parece al de una película noventera: hackers de extraños peinados, persecución, revelación de secretos, grandes periódicos, información por un tubo, programación y encriptación de contenidos, trampas de los servicios secretos. A la pregunta “¿Comó estás?” un wikileak responde: “under attack”.
Se trata de un supuesto grupo multinacional de exhackers, medio anarquistas, ahora convertidos en asesores de seguridad, programadores y militantes de organizaciones humanitarias, que decidieron aprovechar la neutralidad de la red para defender el libre acceso a la información. Según su portavoz ellos no recaban información tan sólo la editan en su perseguida página web. En la mayoría de los casos se trata de insiders que envían toneladas de lo “que no debe saber nadie”, en nombre de la transparencia del capitalismo occidental y de las instituciones gubernamentales del primer mundo. Este material pasa, reza el guión, por un proceso de verificación…¿?
Estas grandes cantidades de narrativa digital -“filtrada”- revelan según los analistas las claves de nuestra “historia reciente”, son el comienzo de un “nuevo periodismo” y por eso el mundo ya “no será el mismo”. Sin embrago, la filtración es lo único que ha pasado en internet, porque lo sucedido es una mera imitación de hechos que para el Imperio y la alianza continental jamás han ocurrido. El escándalo diplomático, los asesinatos y las tortura de civiles sólo han pasado en una página web, en los periódicos que subcontratan las filtraciones, entre los fans de las redes sociales o en la -mitológica- batalla digital entre el bien y el mal.
El hecho que sólo contemos con materiales de un metagénero digital, multiplicado por periódicos -que mejoran su crítica situación con el asunto- y cientos de páginas web, comentarios en redes sociales…etc., deja un absurdo aliento a “pataleo” y meganegocio, porque ninguno de estos materiales tiene un efecto que no sea digital, no pasa nada más allá de Google. No hay un sostén jurídico o gubernamental que registre estos contenidos y busque a los responsables de los hechos que se describen en ellos. Al contrario, se exhibe con altivez una gran mordaza impuesta a esa parte del mundo -impávida, hambrienta, enfermiza, contaminada y explotada- que jamás sabrá quienes son los fashion-wikis que hoy inundan el mercado del periodismo global en Internet.
18/11/10
24/10/10
Sin tetas no hay bicentenario
“¡Miserable pueblo! yo os compadezco; algún día tendréis más dignidad” Apolonia, también llamada Policarpa SalavarrietaUn buen mártir, si han existido los malos o los mediocres, se sabe traicionado por el conteo de unas monedas o en nombre del connatural terror a la muerte de sus renegados fieles. En el cadalso los condenados blasfeman, lloran o dejan feroces sentencias que el traidor más cercano transcribe en una crónica. Esto último lo hizo el criollo José Hilario López que fue indultado en Popayán, a ruegos pagados por su familia, un poco antes de asumir las funciones de guardián en los calabozos del Rosario. Mazmorras en las que una joven republicana veló su última noche en la Santa fe reconquistada por las tropas del Borbón.
La leyenda dice que la joven Apolonia era costurera, destilaba aguardientes, rezaba en el convento de los agustinos por Antonio Nariño y reclutaba soldadesca para los rebeldes de los llanos. De oídas supo de las cabezas cortadas a los comuneros, del fusilamiento de Camilo Torres, de las batallas perdidas y de otras barbaries de la pacificación en el Nuevo Reino de Granada. Cualquier nostálgico de las gestas por la libertad ha sabido del entusiasmo contagioso de una joven que luchaba por la soberanía de un pueblo indolente y redomado.
La figura femenina del gorro frigio que levanta las banderas de la república sobre una colina de cadáveres es el vástago moderno de lo que ahora nuestra ignorancia nos ha condenado a olvidar por imposible e insoportable: la revolución. Apolonia es la protagonista de nuestro espurio Delacroix, consecuencia del mísero cálculo de los aniversarios patrios. Ahora resulta que la inventada independencia tiene una edad y que la ausente libertad ha cumplido años, lo que nos obliga a soportar el melodramático recuento de un universo paralelo en el que napoleoncitos cojitrancos y enruanaos soñaron a caballo con la historia.
Entre las vergonzosas invenciones del heroico pasado está la de una malograda Apolonia de tetas asiliconadas con la forma de dos medios cocos y unos abdominales de peso welter. Esta imagen es una secuela de la estampa de la Pola que adornaba los sellos de correo, la cara de las monedas y los inútiles billetes de dos y diez mil pesos. La Pola de ojos vendados abandonada a la suerte de los mosquetes, la criollita de oleosos bucles y hombros desnudos se convierte en una estupenda jacorra de botas altas e imposición de top-less; su dureza glandular me recuerda a la compañera de Mazinger Z y aquellos agresivos torpedos recargables.
A esta nueva Apolonia, pagada por el marketing de cuerpos que gobierna el gusto biológico del chimpancé digital, le acompaña un monólogo contrahecho e incoherente. Unas cuantas frasesitas machaconas que insultan la visceral espera de la heroína por la muerte. El autor de los pensamientos policarpos, pre-cadalso, ha ganado un premio Rómulo Gallegos (Rómulo, por favor, no se levante de la tumba para conocer las mierdas que se escriben en su nombre por tres pesos).
No es deber de ese espantajo literario contar la historia del fracaso libertador, ni salmodiar la valentía de los ancestros republicanos, menos cuando se trata de la coletilla erótica a las fotos de una jamelga de paso fino. Tampoco debería ser un efecto colateral que esta simulación rellene la baba ingrávida de los primates-suscriptores, afiliados a su exclusivo club de tetas.
Si la intención era divertir (quizá esparcir), no lo hace; si quería revelar el lado erótico de las luchas revolucionarias es una bazofia; si quería relatar los casi-polvos de la heroína rezuma un onanismo pavoroso acorde al de un obeso cincuentón a decadencia con sus papeles (¿o lo ha escrito un(a) ferviente e inútil discípulo(a)?).
Para empezar el final es incomprensible, porque es una construcción gramatical errónea. Que alguien me explique cómo un escritor premiado no sabe escribir una frase coherente (¿tendría prisa?):
La muerte hará que sea aún más bella, antes de que no sea cierto.
¿Qué no es cierto que haya sido, era, es, o será bella antes, después o en el momento de morir? Este jueguito de palabras, a vueltas con Borges -como siempre entre las jóvenes promesas de la literatura latinoamericana- se repite en este ejercicio de lencería:
Bordando mis calzones soñé que era mil mujeres a la vez, y soñé que todas las de esta nación…
Las paradojas temporales y la mujer que es todas las mujeres es un obvio lugar común de…léase: escritor argentino enterrado cerca de un lago. A pesar de todo el asunto bragas continúa:
Mi hermoso Alejo y yo íbamos a casarnos y me pasaba las noches bordando mi ropa interior, un modo de preparar y engalanar el teatro de mi cuerpo…
La aguja que hila se transforma en un catalejo de visiones proféticas que le augura a la nación un futuro colmado de untuosos catres :
Mi catalejo de siglos me muestra allá lejos, donde están ustedes, una Colombia de jovencitas de mi edad, e incluso menores, despatarradas en camas de moteles después de fornicaciones múltiples…
Frases rematadas en un clímax de suspense que ayuda a aguantar la risa, sobre todo ante los efectos sonoros de la parca:
Llega la muerte, ya la escucho venir, oigo sus pisadas, zac, zac, parece que titubea, se detiene un instante a pensar.
Por último asoma la hipótesis de la virgen rebelde que nos lanza a una posteridad de putanas viciosas (¡viva la independencia! aúllan los mandriles). Remata Gamboa con esta categoría martirial digna de una heroína y estalla, por fin, la vena altiplano-católica de la moral criolla, un salto espiritual de las costumbres coloniales a la lúbrica obscenidad republicana:
…y mientras hundía la aguja en la tela y terminaba una flor, pensaba obsesivamente en mi desfloración, ¿qué voy a sentir?, ¿seré feliz?, ¿será cierto que veré acercarse una estrella distante y esquiva?
Esa es la conclusión de esta parrafada de ignorancia. Si la intención no es didáctica, por favor, Gamboa, no sume más estupidez a las deficientes luces de los embotados lectores. Mejor, disfrute del bicentenario a contemplar las fotos de la Apolonia que sus editores parieron a la medida de su endeble escritura, apta para el pueblo indolente que alguna vez vio morir a otra Pola traicionada y hermosa.
Dignidad nos sigue faltando Apolonia, en este aciago amaneramiento de la historia fruto de la cirugía estética y la cosmética literaria.
6/7/10
¿Qué es el fútbol?
“En una siesta de un frío mes de junio del año treinta y pico, Georgie (J. L. Borges), yo y otros intelectuales decidimos enfrentarnos a unos cuchilleros de Boedo. Y Georgie menudito como era, tenía un despliegue como N° 8, que impresionaba. Bioy Casares, por ese entonces un hábil centrodelantero nuestro, lo apodaba El Pulpo. Con una gran actuación de nuestro arquero, Bustos Domecq, el primer tiempo concluyó sin que se abriera el marcador” Licenciado Harold Macoco SalomónPuede leerse con redundancia, y cierto sarcasmo, que las selecciones de un mundial son el espejo -en onceno prismático- de las naciones que representan. Algunos amurados cronistas suponen, con iluminada certeza, que la historia o el carácter de un país se refleja en los resultados de los partidos. Existen verdaderos lujos especulativos que detectan el genio de un pueblo en el desorden táctico de un equipo, en el individualismo o la cooperación de los jugadores, en la injustificada entrega a la derrota -o la victoria- que le ha tocado compartir a un grupo de personas que por azar lleva una misma camiseta y tararean una misma tonadilla patria.
El divertimento de estos abusos de la gramática, y del sentido común, proviene de una idea obsoleta en los tiempos del marketing deportivo global: la identificación de un país con un equipo. Para infortunio de las hinchadas regionales, y los escrutadores de identidades nacionales, la mayoría de los jugadores que saltan al campo pueden tener más de un pasaporte, poseer una indefinida dirección fiscal -por aquello de los impuestos- y servir de reclamo publicitario para marcas globales que la mayoría de sus fieles compatriotas adquieren en una reproducible y pasajera versión china. Algunos de ellos fueron reclutados por ojeadores de grandes equipos con poco más de doce años y han vivido más de la mitad de su vida en otro país. Están agradecidos con una identidad empresarial difusa que les ha rescatado del fango, aunque lleven la camisa de un país que suelen visitar un par de veces al año.
En el comienzo fueron el balón y las relaciones comerciales, antes de que el balón se convirtiera por sí mismo en comercio y en motivo de las relaciones transnacionales. La burguesía de las excolonias a mediados del siglo XIX jugaba al fútbol, porque deseaba parecerse a los flemáticos y aburridos delegados de las empresas británicas de ultramar. La imitación obligaba a practicar un deporte que retrataba la simpatía de los negocios, el esnobismo criollo y el buen hacer de los deportes civilizados. Un día el balón saltó las balizas de los clubes mercantiles para ser jugado por obreros, porteadores o vagabundos y antes que universidades, hospitales o carreteras, en Latinoamérica ya se habían construido los estadios de fútbol más grandes del planeta: el Centenario, el campo de River y el Maracana.
La imitación de la flema comercial inglesa ha sido sustituida por otro modelo: la proyección publicitaria y mediática del jugador, un ser todopoderoso que consume a placer cualquier cosa y que además puede sacrificarse, de un modo un tanto heroico, en nombre de las banderas de sus padres. A esto se une la universalidad del juego, lo que supera cualquier limite cultural o político. Los musulmanes pueden detestar la forma de vida occidental, pero aman al Barcelona o al Arsenal; Corea del Norte tiene, además de la bomba atómica, un equipo de fútbol.
En este escenario es crucial la transmisión de los iconos mediáticos: Ronaldo(s), KK’s, Drogba, Eto'o. La FIFA cosecha los beneficios de la comunicación de masas en los contenidos de cada segundo de transmisión global y en la pauta comercial de cada espacio real, informativo y virtual que rodea al campeonato del mundo. A esto se añade que cada federación hace lo propio con las ligas de fútbol en las que participan aquellos díscolos propietarios de equipos: los millonarios rusos y los jeques de la Premier Ligue en Inglaterra, los políticos corruptos de la Liga Norte en Italia, los constructores y contratistas del Estado en España, o las multinacionales en Argentina y Brasil. De estos equipos salen los jugadores que elevan el furor patrio de las naciones, animado de forma selectiva por décadas de expectativas publicitarias e “historia mundialista”.
Borges tachó de “estupidez” al fútbol, lo que también es un abuso gramatical, porque no se aproxima en nada a las enormes implicaciones de esta ambigua actividad deportiva. Quizá, este desprecio le llevo a dictar una conferencia sobre la inmortalidad el mismo día que debutaba el equipo argentino en el mundial del 78. En aquellos días yo no conocía las sentencias de Borges, pero si el disparo de Luque, los saques de banda de Tarantini, la defensa al hombre de Pasarela, la contundencia del 'Matador' Kempes, la fruición de Menotti cuando se fumaba un pitillo y la sombría estampa de Videla custodiando la primera copa del mundo para un país torturado. Un dictador escondido atrás de una copa del mundo, esto más que estúpido me parece asqueroso…pero así es el fútbol.
20/6/10
SERVIDUMBRE REPUBLICANA

Entro en mí mismo para verme, y dentro,
hallo ¡ay de mi!, con la razón postrada
una loca república alterada,
tanto que apenas los umbrales entro.
Rimas Sacras, Lope de Vega.
La paradójica naturaleza del proceder humano reposa, ahora, en una sospechosa condición universal: la ciudadanía. Lo que nos recuerda Lope es que a pesar de esta pomposa denominación política cada uno es ante todo una pequeña “república alterada”, desecha por enfermizas contradicciones. Anteponer a esta naturaleza, caprichosa e impredecible, el condicionante de la acción civil puede llenarnos de esperanza por la súbita irrupción de una ley general que articule, por fin, los difusos trazos de la convivencia social y de las decisiones políticas. Nada más alejado de la soberanía popular que el caos de cada individuo proyectado en conjunto, representado por las alteraciones del orden republicano, el olvido de los derechos fundamentales y la repetición de resabiados procesos electorales.
Un antecedente de este desorden local lo describía un "paisita" sorprendido, porque el dictamen forense que certificó la muerte de dios -de uno de ellos- no tuvo eco alguno en los poblados de la cordillera; la falta de esquelas funerarias en periódicos y programas radiales entorpeció el duelo religioso que daría la bienvenida a una sociedad laica. Se olvida el hábil redactor que en este país nunca ha existido dios, o algo parecido, tan sólo hay señor de Monserrate, divino niño, virgen de las lajas, virgen del carmen, el cristo de Buga y el constitucional sagrado corazón, así que la muerte de dios en un lugar con tal abundancia de personificaciones de lo sagrado pasa -con facilidad- desapercibida. Estas figuras del animado panteón espiritual son eficaces, conceden a cada uno de sus romeros los favores que les piden, tales dones desplazan al impersonal y teológico dios, que en paz descanse.
Ocurre igual con la política en la que una eficiente y oportuna repartición de favores, la satisfacción del don recibido, se pone en contra de la abstracta y poco dadivosa “cultura ciudadana”. Religiosidad interesada y política de tamales coinciden en un mismo grupo social, los citados -con tristeza- por algunos intelectuales “pobres”. ¡Ay los pobres!, lo mal que se comportan, no obedecen los llamados orgánicos de la razón liberal, desmienten los logros de la democracia participativa y echan abajo el proyecto de una sociedad -habermasiana- dialogante.
En religión como en política se busca colmar la escasez endémica, la carencia crónica. El pobre no cataloga la bondad por la definición del bien, lo ratifica sólo por su capacidad de llenar el estómago. El hambre, dignos burgomaestres, es el tema de la vida política, ni siquiera la desigualdad maese Petro, eso es demasiado conceptual. Las madres comunitarias quieren una mesa llena para sus hijos, después puede venir la educación, la ciudadanía, la esperanza. Con el estómago lleno cualquiera puede tener paciencia suficiente para aprender cómo -demonios- se puede pescar en un cubo.
En las contiendas políticas son los viejos patrones los que conocen el lenguaje de la barriga llena y el corazón contento, por eso reparten dones, cientos de miserables limosnas. En algunos lugares -mis queridos verdes- el pueblo mata por cincuenta mil pesos. Más, cuando la suma está prometida durante los próximos cuatro años con el peligro inminente de otros cuatro más. El vacío de vientre es el primer factor de parcialidad política en una sociedad acostumbrada a la explotación de pequeñas propiedades rurales y al mayorazgo de un patrón a caballo. Recuerdo que Lula, un desplazado del Sertão al ABC paulista, habló primero de un Brasil sin hambre, después del resto.
Estamos en un país en el que los políticos no hablan del alimento. Los oficialistas -coalición de rémoras-, porque su poder depende del vacío de vientre; los verdes porque están llenitos de ideas y los zurdos porque el materialismo histérico ignora la dialéctica del pan duro. Por eso resulta irónico que los opinadores denuncien un fraude electoral que abusa de las necesidades básicas, nadie pregunta por qué las mujeres pelean por un trozo de pan, nadie se preocupa de la necesidad que tiene la gente de los cuatro pesos que reparte el delfín.
Votos de ignorantes, decimos, votos de incultura ciudadana, nos dolemos, pero votos que alimentan. Esta nueva servidumbre tejida por el desplazamiento que los hacendados han impuesto a los pequeños aparceros, en nombre de la seguridad y otras patrañas, es el mal que puebla los suburbios ¿Qué importa si el exministro daba recompensas con una mano por la muerte de dos mil inocentes, si con la otra dará de comer -en el mismo barrio- a otros cien mil? El hambre y la nostalgia de un trozo de tierra son los síntomas de la república degradada que habita en cada prospecto de ciudadano, mientras el político no hable de la satisfacción de necesidades tan básicas, nos quedaremos regalando lápices y girasoles…digitales.
