18/5/09

Sonambulario (in memoriam)

“nos suspendieron el derecho a la tibieza”
M.B
Vuelto a leer después de los quince
Poeta de los hombres que miran
Ese repentino cuerpo suspendido e imperdonable
El día que partió se quedó la invasión de palabras
taquigráficas, litúrgicas,
-mecanografiadas sin voz, ni rostro-
paseando sonámbulas entre las dunas de una historia sin desierto
Su revolución estuvo a dos pasos del pan,
a una mano de la cómplice, a pie juntillas
en los talones desnudos del silencio
y codo a codo en la general angustia de los desterrados
No hay tiempo para los latinoamericanos
Son tan inoportunos, obvios y melosos
El bigote es para disimular.


28/4/09

Uribenstein: un puzzle histórico






Alguna vez hice este comentario -ante alguien que deseaba permanecer en el anonimato-: Uribe no es muy diferente de Laureano Gómez. Le decía que ambos habían tenido la capacidad de enardecer el espíritu nacional con unos cuantos “pájaros”, patriotas carniceros con fecha de caducidad desechados después de una frugal alianza. El interlocutor en cuestión me dijo que Uribe era algo más que Gómez y llego a atribuirle una inteligencia desbordante, un ímpetu sobrehumano, además de una retórica que fascinaba a sus partidarios. Le repliqué que Gómez tenía las mismas cualidades no en vano fue capaz de planificar en los años 50 tres décadas de control político del que la modorrienta nación aun no ha conseguido despertar. Quizá las circunstancias históricas quisieron a capricho darle a Gómez un Himmler para sus devociones políticas y a Uribe un torpe vaquero ebrio.
El caso es que la comparación me sirvió para elaborar una idea harto insultante y descompuesta: Uribe puede ser el Frankenstein de la historia política de Colombia, una especie de puzzle de lo más excelso de las bajezas tiránicas nacionales. El ejemplo de Gómez es tan diáfano que Uribe no llegó a prosperar hasta que el hijo de Laureano recordó con su muerte a unos tantos cachiporros anónimos. El reciente escándalo de los hijos del mandatario y el debate mediático resultan banales ante la manipulación institucional y política a la que el huésped de Palacio somete al país. Sin embargo, todo esto no dejan de ser partes inacabadas de la historia nacional: Lleras Restrepo apago la radio para darle las elecciones a Pastrana Borrero; La constituyente del 91 fue un mercadillo constitucional en el que se empeñaron e inventaron derechos fundamentales como “no ser extraditado”; la riqueza de los vitalicios padres de la patria ha salido durante décadas del tesoro público; el falso positivo más flagrante ha sido el Palacio de Justicia en el 85. Con todas estas perlas de la historia política se puede hacer un asqueroso collar para colgárselo al puzzle político que ha resultado de esta cadena de hechos que mezclan corrupción, bajezas de alto funcionariado y ante todo ese chovinismo vocinglero que sólo algún apátrida ha sido capaz de convertir en literatura con párrafos de un resentimiento mordaz -si vallejito, un paso al frente, sos vos-.
El puzzle histórico que ahora gobierna con desaforado apetito se impone en todas las discusiones porque sus contrincantes le llevan en el fondo de su abolengo político. Que puede decirle Gaviria a Uribe, aquel mediocre subproducto de un magnicidio; que puede oponerle Samper y sus cajas de cartón llenas de millones; y el resto de la clase política que se revende al mejor postor como el nieto de nuestro ‘único’ dictador que amasa fortunas propias y ajenas a nombre del MOIR ¿Qué pueden objetarle todos ellos a su gran espejo?
Este aberrante experimento en el que se construye al gobernante ideal con las partes más anodinas de la historia nacional explica mucho la senda del destino patrio que puede prescindir, incluso, de Uribenstein, porque la memorable clase política que ha legislado y constitucionalizado al servicio del saqueo de unos cuantos y la marginación de las mayorías es un mal bicho que parece imposible erradicar. Por eso el rompecabezas de la descalabrada historia nacional tiene hoy aspecto de futuro inevitable e irredento, por lo menos durante una década más.

17/3/09

DOS BARETTAS


-Amá ¿y qué es la bareta?
-Ay mijo…el creador nos dio una que mata al prójimo (la pistola automática) y otra que se fuma (cáñamo).
- ¿Y cuál está prohibida?
- Obviamente la que se fuma…

El acceso de los jóvenes a las dos “barettas” es un hecho en cada favelato, comuna o suburbio de cualquier gran ciudad. En las guerras africanas las milicias de adolescentes y niños disponen de las dos: una ayuda a soportar la barbarie y la otra a cometerla sin descanso. Los raperos de Rio de Janeiro cantan un tema en el que alertan a los jóvenes para que no reciban armas, ni droga. Ellas justifican el simplísimo por qué de la corta vida en los barrios marginales.
El acceso a las armas es facilitado por una industria militar protegida por las banderas de las naciones “solidarias”. La distribución de la droga corresponde a un negocio familiar, la asociación de cuatro primos que llevan avionetas y lanchas rápidas a cualquier puerto del mundo. Si un país sólo recibe armas se trata de un asunto de seguridad nacional; si un país sólo recibe droga se trata de un asunto de placer social. Pero hay sociedades donde se juntan las dos, aquello puede convertirse en un delirio de seguridad y en un derroche de placer que suele acabar muy mal.
En estas mismas sociedades hay ciertos grupos que sólo reciben drogas con fines recreativos, no conocen las armas y los disparos los escuchan -a la madrugada- en la calle. Para estos individuos reivindicar el consumo es fácil, pues no llevan las pistolas que les garantizan el acceso a sus “dosis de personalidad”. Las pistolas las llevan otros, quizá unos adolescentes que tienen menos años que muertos a la espalda y por lo menos la mitad de hijos, con cuatro o cinco de sus mujeres-niñas.
Aquellos individuos, tardomodernos y digitales, tienen el control sobre ciertas “acciones incontinentes” -como el consumo de drogas-. Su búsqueda del placer se resuelve con echar seguro a la puerta y acogerse al artículo 16 de la Constitución. En el país de las dos “barettas” no existe la conciencia de que hay algo más que el derecho al libre desarrollo, también es necesaria una ética que explique los derechos colectivos de los marginados.

La parodia de los derechos

La defensa del libre desarrollo de la personalidad (Art. 16) incluye una sofisticada preparación. Se ha leído que un conocido escritor se sirve de sus libros, de sonidos barrocos y de algunas maromas eróticas para justificar el culto a unos porretes advenedizos y coquetones. En este caso no hay porque evaluar el contenido del derecho al libre desarrollo que se reduce a un escueto “haz de tu culo un candelero”; asunto ya juzgado por las Cortes en 1994.
El derecho es limitado y llega tarde a la fiesta porque antes, durante y después se ha fumado y esnifado mucho, así que el mentado “libre desarrollo” ya ocurría sin ley alguna. Resulta imposible reivindicar un derecho que hace parte del deseo humano desde que cogemos con fruición la teta para mamar como desesperados. Lo que interesa es el contexto donde se lleva a cabo ese desarrollo, si lo observamos con cuidado nos damos cuenta de las trampas morales que puede inducir una ley inconstitucional -sin duda-, pero ante todo amañada por unos intereses que se niegan a reconocer el conflicto social que rodea al desarrollo individual.
Penalizar el porte y el consumo significa hacer campaña electoral a costa de los barillos ajenos. El candidato de la oposición fue uno de los magistrados que firmó la sentencia del 94 y sus votantes, no sé si la mayoría, acompañan su interpretación de los derechos fundamentales. Así que a la hora del discurso en una plaza cualquiera el candidato-a-la-reelección-indefinida defenderá a una sociedad hipócrita en la que todos meten pero en la que nadie tiene, ni sabe dónde se consigue. Al final este sentimiento infame inclinará la balanza moral de los votantes.
Es hora de repensar la prohibición de la dosis personal de Baretta, de la pistola. Es hora de reivindicar el desarme de la vida social. No puede haber libre desarrollo de la personalidad en un país en el que se quita ese derecho con un par de tiros y las víctimas carecen de la atención social que repare sus padecimientos.
Poner a la sociedad a luchar en los lugares equivocados, crear escenarios de confusión, resolver bajo la estrategia de un falso imperio de la ley las ambiciones de unos cuantos. Esto es lo que hay detrás de una discusión inútil que desvirtúa la ética individual para que cuatro babosos saquen sus “dosis de personalidad” y demuestren que en el país de las dos “barettas” los derechos sociales, los más urgentes, no le importan a nadie.

20/2/09

Máximas Vulgares


Decía Greenspam un pianista que ejerció alguna vez de director de la Reserva Federal que el acicate de la crisis financiera que ha desatado la recesión global fue la “avaricia”: todos querían ganar más y en efecto sólo ganaron unos cuantos. Confió el viejo banquero que el mismo mercado, aquella indispensable mano invisible, corregiría el deseo inagotable que tenían algunos de ganar más vendiendo y comprando “pajaritos en el aire” por medio planeta. Decía el pianista que el mercado mostraría el fallo y descartaría por sí mismo aquellos productos. Un profesor retirado se ha hecho, más que famoso, por llamar a las cosas por su nombre señalando distracción donde había confianza e inocencia donde sobraba la ignorancia. Era imposible proyectar ganancias sobre el endeudamiento ajeno, resultaba descabellado convertir en un producto financiero la deuda de un sujeto que no podía pagarse ni lo que llevaba puesto. Cuesta creerlo pero así fue, lo que un día podían comprar unos “vaciaos” con dinero ajeno aceitó la economía y fue un título con valor negociable, avalado por auditorias que le auguraban prodigiosas ganancias.
Este buen profesor empezó hace más de un año sus análisis delatando a las autoridades económicas del primer mundo con la sencillez y la claridad de sus reflexiones. Todos le entendían, todos le querían escuchar, mientras jóvenes banqueros de costosa educación en Oxford o Harvard no entendían nada de lo que estaba pasando. No resulta difícil hallar en la reflexión de Greenspan y en la del buen profesor un mismo asunto que hace tiempo un fracasado polemista francés observó en el comportamiento de las sociedades. Las distintas manifestaciones de la existencia colectiva están regidas por sentimientos y sólo aquel que sepa reconducirlos hacía su propio interés conseguirá éxito social. Llevar al buen puerto del interés propio los deseos de grandes colectividades, ese es el objetivo de políticos, banqueros, medios de comunicación, empresarios. Sólo algo de fortuna y la ductilidad que da el conocimiento de los sentimientos ajenos puede hacer a unos cuantos realmente poderosos. Se trata de un juego de fuerzas en que la confianza, la ambición, la envidia, el temor, el orgullo y la avaricia están primero que cualquier ideal. Por eso entre los conceptos fundamentales con los que el pianista y el viejo profesor se explican están: exceso de ambición, ignorancia no admitida, confianza ciega; sentimientos humanos explotados y esclavizados por el interés muy particular de unos cuantos. Aquel polemista francés en su libro “El Arte de medrar” publicado a mediados del siglo XIX ,de manera anónima, le achacaba a unas cuantas presunciones la candidez humana, madre del caos y el desastre colectivo:


Se cree que el mérito es el medio más seguro para ascender.
Se cree que hace falta capacidad para ocupar cargos.
Se tiene la ilusión de que la opinión pública gobierna el mundo.
Se cree que la política consiste en la ciencia de los asuntos de Estado.
Se cree que los hombres públicos tienen fe en lo que dicen desde la tribuna o lo que escriben en sus libros.
Se cree en el progreso indefinido de la humanidad.
El pueblo cree que cuando hace una revolución se beneficiará de ella.
Se cree que para establecer un gobierno basta con hacer una constitución.
Se cree que al mundo lo gobiernan las ideas.
Se cree que los pueblos se corrigen.
Se cree que existen teorías filosóficas o sociales nuevas.
Se cree que llegará el día en que las naciones ya no se harán la guerra.
Se cree que no se puede ser un ignorante y un necio cuando se escribe un libro.
Se cree que los que piden reformas las desean.
Se cree que los que sostienen hoy un gobierno porque es fuerte no serán los primeros en derribarlo si por ventura se tambalea.
(…)Preguntémonos qué sería del orden social si estas vulgaridades no estuvieran en circulación.


Nuestra actual crisis global es tan vulgar como estás máximas.

9/1/09

MEDALLITAS

Quizá me den una medalla
por haber vivido.
Armando Carrillo



Para toda medalla hay un merito, algunos de ellos son esforzados otros conmemorativos y a veces son absurdos insoportables, mas no por ello menos usuales. Cuelgan de los comercios que asedian a los lugares de peregrinación cientos de medallitas de santos o vírgenes que representan un golpe de suerte, un pedido de protección, de salud, a veces de puntería. Es imposible olvidar las medallas colegiales que dignificaban por momentos los aciertos de una memoria plena de datos olvidables; la dedicación ciega de la infancia a la estupidez educativa. Estos tributos mal repartidos son un rezago cansino de las condecoraciones militares, la elección azarosa de un valiente entre la masa de cobardes que van hacia la muerte entre los caminos de una guerra sin responsables, ni regentes. Medallas que dan distinción, que dividen, que destacan las miserias de un mundo lastrado por su extravío.
Cada uno de estos pormenores, y otros más, le caen a la medalla que W. Bush le dará al insigne inquilino -ahora casi dueño- de palacio. La tal medalla se llama de la libertad, esta especie de adjetivo “…of freedom” reluce en las invitaciones a los cuerpos diplomáticos que ya se preparan para ir al evento y doblar el labio en gesto: severo chiste se marca el -ahora- huidizo Bush condecorando a un ex primer ministro víctima de sus mentiras Blair y a un aliado de las Bananas Rep. Uribe conocido por su inepta tendencia a la irritación y el berrido cuando se trata de los llamados defensores de los H.R. Se supone que estos dos son verdaderos gladiadores de la libertad del mismo modo que otros como: Gregory Peck, Bob Hope, media plantilla de los Yankees, unos cuantos directores de la CIA y como no, el cerebro de la invasión a Irak.
Quien da la medalla ha repetido mil veces que su guerra de mierda fue en nombre de la libertad, así que siendo como es un protagonista de la lucha por la abstracta libertad ajena se da a los homenajes, invita a un par de amigos y les dice: saca pecho que ahí va el colgandejo este. Espero que, una vez hartos de medallitas y champanes, a estos sujetos condecorados les de por retirarse de la lucha por la libertad, ya han desecho bastante, ya la han cagado demasiado, nadie les pidió que se postularán a ser dueños de la historia colectiva de sus naciones. La libertad no les necesita, es más si no hubieran salido de casa a luchar por ella nadie les habría echado en falta.

28/10/08

La concordia: una víctima de sí misma


La historia es una oscura broma. Los Borbones que alguna vez se repartieron el mundo, hoy reparten premios deportivos y literarios. Pero, más allá del merito de los premiados y el valor -o descrédito - de los premios están las reacciones de aquellos que jamás recibirán algo parecido a unas ‘reales’ palmaditas en la espalda. Ingrid recibió el premio de los Borbones como alguna vez le tocó a Mutis, a los U’wa, que están en riesgo de extinción, o al Instituto Caro y Cuervo que fue clausurado días después de la ceremonia. La misma suerte puede socorrer a la premiada Ingrid -la ‘Jeanne d’Arc’ criolla- que genera en los provincianos periódicos locales un recelo inmarcesible.
Nunca ha habido alrededor de un premio a la Concordia tanta discordia. Entre los aplausos a la premiada sonaban los disparos de la policía nacional a los indígenas, la negativa del gobierno a aceptar la ley de víctimas; y para completar Uribe levantó el ala de su poncho para que un secuestrado más acrecentara su imagen pública. En el país del premio a la Concordia la discordia es un bien ganancial que multiplica por doquier la muerte, la injusticia y la mentira. Resulta satírico que la palabra Concordia se adjudique a una víctima de la discordia y que sea la discordia el pan de cada día en un país incapaz de reconocer su condición de victimario y responsable locuaz del encubrimiento de su violento acontecer.
La imposible Concordia no representa nada para la realidad nacional, nadie se impacienta, ni pierde los nervios ante la paradójica realidad de las víctimas de la discordia que en su mayoría son tratadas como ‘víctimas de sí mismas’, porque sus victimarios si que merecen premios: jugosas recompensas, convenios de inmunidad y viajes con todo pago. Mientras los premios a la Concordia sean valorados con escepticismo, porque no se ha elegido a la víctima adecuada y la tal señora nos cae mal; la nación seguirá celebrando la discordia y premiará el valor de los victimarios.

23/9/08

La parodia del profe Lucas y la histeria patria


Se robaron el primer grabado de la serie goyesca “los desastres de las guerra” expuesta en la Fundación G.A.A.de Bogotá . Es posible que este grabado no tenga por sí mismo mucho valor comercial, teniendo en cuenta que pertenece a una colección, de 81 grabados más, que se vendió este año en Madrid por setenta mil euros. Hay robos aun más escandalosos: “El grito” de Munch fue descolgado y puesto en la cajuela de un carro sin la menor resistencia; el patrimonio románico aragonés fue zaqueado en los años setenta por un sujeto apodado el ‘americano’, que en realidad era alemán, y vaciaba iglesias, tumbas, antiguas aljamas etc.; y ni hablar de los -todavía en activo- guaqueros.
Interesantes robos coloniales embellecen el Royal Museum y el Louvre, tanto que en la ficha técnica de algunas obras debería figurar el título “Robado a…”. Una parte de las colecciones de estos museos tiene una oscura procedencia, no se conocen los datos de su adquisición o no hay documentos que demuestren su origen. A veces su autenticidad es cuestionable como el caso del cuadro “El Coloso” que se exhibe en el Prado, atribuido a Goya hasta hace pocos meses.
El Arte ha sido un botín de guerra y un medio de ostentación para los poderes más díscolos, de ahí que no sea gratuito que al profe Lucas le pareciera una negra-burla politiquera la exposición de los desastres en un país que sobrevive en medio de horrores goyescos. Así que una vez desaparecido el grabado escribió un comunicado del autodenominado "Comando Arte Libre S-11" para reirse del asunto. Esta seudobroma no le cayo bien al culture club santafereño que vio en la parodia subversiva del profe Lucas una ofensa al buen gusto, la mezcla inapropiada de antiguas invenciones revolucionarias y unos emotivos resentimientos hacia el nepotismo que gobierna la “industria cultural“ de la región. Mientras el universo cult local se regodea con el mal gusto del profe Lucas (que se compara a sí mismo con un desfile de guignols, cuyo humor alude sin acusar y acaricia la provocación sin disentir), los llamados comunicadores se comen el cuento y ven en la parodia subversiva la primicia de una más de las histerias patrias: el enemigo descarao.
En un país en el que disentir es la ruina y lameculear el desayuno de palacio, escuchar la parodia de una voz enfebrecida y radical suena a miedo, a una necesidad de levantar la cobija, taparse y temblar: el coco aúlla en la lejanía…¡Salvemos la patria mi general! Esa ficción patriótica y los estragos del conflicto están representados en el arte nacional. Los artistas proclaman cómo duele el país de la eterna soledad en el que la violencia siempre es poca, tal como en los grabados de Goya. A ellos nadie parece tomarlos en serio y su obra es uno de los testimonios más sensibles de la cruda-muerte-realidad del país (un ejemplo).
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