30/4/07

...Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sabemos todos

Por Luis Madrid


Durante un viaje que hicimos por la excortina de hierro en busca de los restos de "las Periferias del Comunismo", Lourdes me dijo: Porque no hacemos un proyecto que se Llame "Michelena Patrimonio de la Humanidad", en ese momento me enfadé porque pensaba que me tomaba el pelo, pero lo cierto fue que todo esto tenía un aire utópico, antiglobalizador y divertido. Así que me lo pensé. Al igual que existe una asociación en Madrid llamada La Cofradía Marinera (http://www.nodo50.org/cofradiamarineravk/). Nos planteamos hacer una campaña de comunicación ficticia. Cuyo objetivo principal fuera declarar Patrimonio de la Humanidad a un pequeño pueblo de diez mil habitantes ubicado en los Andes venezolanos. A doce horas de Caracas por un lado y a otras doce de Bogotá por el otro. Antes de seguir, propongo un pequeño ejemplo: un corresponsal del Morning Journal esperaba en Cuba algún acontecimiento junto a un dibujante del periódico. Un día telegrafió bastante aburrido desde un casino de la Habana: "Nada especial. Todo tranquilo. Aquí no habrá guerra". Y el boss le respondió: "Envíe los dibujos, que yo le monto una guerra". Aun creemos que la razón la tiene el que hace más ruido. El que hace alarde de su fuerza. Hoy en día la verdad no existe y la comunicación es un imperio. Armand Mattelart dice que la veracidad de las "Noticias" es una mera proyección que parte "...siempre de un centro tutelar que impone su visión del mundo a las distintas periferias… En el ámbito internacional, para conocer su futuro, las naciones menos desarrolladas han de mirar indefectiblemente hacia aquellas naciones que han alcanzado un alto nivel de civilización..." Eso se llama etnocentrismo y hemos funcionando asi desde la época del colonialismo. Puedes tener ideas románticas y pensar como MacLuhan: los medios de comunicación son "una extensión de los sentidos" y el mundo es una aldea global en la que somos miembros de pleno derecho. Pero la realidad es que con el mando a distancia y/o google puedes crear tu propia realidad y vivir dentro de tu propia burbuja. Somos tan cinicos con nosotros mismos que compramos y vendemos verdades a gusto del consumidor. Con este proyecto intentamos burlarnos de los sistemas de comunicación, no es un comunicado de la Unesco, allá lejos, en París...es un comunicado que proviene de un pueblo perdido en los Andes Venezolanos para el mundo entero.


Pasate por Michelena compadre!!

http://www.flickr.com/photos/michelenapatrimoniodelahumanidad/
http://michelenapatrimoniodelahumanidad.wrodpress.com

27/4/07

EL PERRITO FEO

Hace algunos años trabajé en una ONG, o lo que es lo mismo, un mercado de las pulgas de los derechos humanos en el que se revende y especula con estos enunciados de ‘segunda mano’, muy vagos e inútiles. En ese lugar los inmigrantes y sus pesares son tratados como una mercancía, puesta a la venta dentro de unas graciosas vitrinas llamadas ‘proyectos sociales’. Con estos proyectos las instituciones maquilladoras de los ghetos y la discriminación-ligth, tapan con el vil metal la incomodidad de recibir a los no-invitados. De la plata sale una especie de botiquín de pañitos calientes contra el desarraigo y la soledad.

Un producto de los pañitos calientes fue el corto “El perrito feo”. El proyecto-maquillaje prometía hacer un video basado en un cuento escrito por un niño, pero la plata del proyecto se acabó no se sabe cómo y no se podía pagar una productora. El asunto no tenía mucha importancia porque ninguno de los proyectos de la ONG llegaba a realizarse en su totalidad, siempre quedaba algo pendiente, más de la mitad, algunas veces todo. En aquellos días aterricé en el botiquín aquel y la psicóloga que llevaba el proyecto me entregó los papeles del taller para que cosiera el pañito y calentara el agua.

A nadie le interesaba el tal video. El caso fue que debía dar cuentas, no se de qué, al auditor que contrataron las ‘maquilladoras’ para vigilar el uso de los ‘pañitos calientes’, así que tenía licencia para hacer algo y lo hicimos, aunque sólo era para salvar la honesta fachada de la ONG. El equipo fue el cámara Pato-Z, la contadora Eva María, la música de Pet (Somekong) y por último el susquehabla de tira cable. Cuando estuvo terminado y el costo no supero el 10% de lo que cobra una productora, el director de la ONG decidió guardarse bajo llave la cinta VHS del corto para que nadie le robara sus valiosas ideas, no se cuáles porque no puso ninguna y jamás supe si las tenía.

Poco después se llevó la cinta a su casa, temía a recientes y violentas oleadas de espionaje humanitario de las ONG’s competidoras. Lo que no sabía este mercader de las miserias ajenas es que teníamos varias copias digitales repartidas entre los miembros del equipo. Ahora lo cuelgo en la red para el disfrute público, a pesar de los escrúpulos del desprendido y generoso gestor de una ONG.

14/4/07

EL BAUL DE LAS CAICEDO


A comienzos de los noventa, del siglo pasado, un amigo de Cali que exploró el fondo del calabozo a punta de xiloxibine y sistermorphin me decía que las ricachonas hermanas de Andrés habían reunido todos los papeles del flaco en un baúl que no abrían a nadie, guardado bajo llave en una casa de Santa Mónica. Quizá Mayolo metió alguna vez las narices en aquellos papeles, pero al perderlas entre los defectos de sueño y las fuentes ilimitadas de cocaine, el director de la ‘Mansión de la Araucaima’ no tenia ya con que olfatear un legado literario en los cuadernos amarillentos de su amigo.
Es difícil creer que la reciente edición de lo que las hermanitas Caicedo salvaron del olvido sea un montón de comentarios antologizados a la fuerza, en tono mea-mea culpa. Por eso ahora nos tenemos que aguantar a un flaco al que no le gustaba la mangochebi, renegaba de sus colegas somnolientos y pegajosos, e ignoraba la sin-satisfaction de los Rolling. El Andrés de las hermanitas Caicedo se parece al Pastor Richie Rey que ya no sube a las tarimas del Pascual, porque prefiere los pulpitos evangélicos lejos de la cañandonga de juanchito y la algarabía de la quinta. Entonces el flaco maduró y sentó cabeza, sin tener hijos, ni arrepentirse del pecaminoso suicidio.
Por eso prefiero, antes que una antología del baúl de las Caicedo hecha a la medida del escándalo high-class que provocó Andrés con sus cuentos de malandros, marichebos y fanáticas de la baldosa, las ediciones desgastadas del primer flaco que conocí. Recuerdo que la primera -y única- recomendación literaria del mono fue ‘¡Qué viva la música!’, le gustaba mucho el personaje de la chica rubia, tan rubia, a la que le decían la mona. El Ojcal en cambio no me hizo ninguna recomendación, tan sólo cogió la maltratada edición de ‘Destinitos fatales’ que guardaba bajo la almohada, la elevó sobre su cabeza, genuflectó a continuación y se leyó un párrafo de ‘Angelitos empantanados’ con la inspiración de un poseso de ojitos enrojecidos. No me acuerdo que leyó, porque se guardo el libro en el sobaco después de pasar con devoción sus arrugados dedos por la ajada cubierta.
El autor de esos libros fue el flaco Andrés, ese que a todos nos gusta y que no podremos encontrar en la higiénica edición del baúl de las Caicedo. A todos nos llega una limpieza de memoria con arrepentimientos, golpes de pecho y ‘rechinar de dientes’, parece que ahora le toco al escritor que dio la vuelta a una Cali provinciana y clasista mucho antes de que llegara la instantánea riqueza e igualara todas las cabezas, sobre todo bajo tierra.

6/3/07

¿EXISTEN LAS ALMAS GEMELAS?



El mundo cabe en un partaniguas



Esta mañana el periódico anunciaba que Fito Páez lanzó hace unos días su último disco, “El mundo cabe en una canción”. Decía también que era su retorno a un sello comercial, después de permanecer por años marginado del mercado mundial del disco. De inmediato y sin mediar palabra acudí a mi gran base de datos, aquella que me provee de todo lo que se pueda conseguir en la red, y claro, por supuesto allí estaba completito para descargar.

La prensa decía que este disco fue hecho mientras terminaba de editar las últimas imágenes de su más reciente película ¿De quien es el portaligas? El mismo Fito señalaba que “fue un caos grabar el disco con secuencias del filme pendientes”. Y eso es lo que de entrada, y en el primer tema, se nota...

Luego de la frustrada pretensión orquestal del arranque, inicia nuestro querido Fito con sus mismas locas ideas que se han vuelto las de siempre... el mundo cabe en una canción... que los recuerdos de niño, que la loca de allí, que las tías de allá, que la licorera de acá –puro bacaratt Beat– que el amiguito Tom, que Ipanema, que Charly, que Mercedes y que todos su amiguitos, sobre los cuales no se sabe nada y nada importa, caben en una misma canción... ¡si! En esa misma..... Me aburro profundamente, y salto... esto va para final de manos enlazadas y velas encendidas.

Voy al azar con otro cualquiera y se viene con más de lo mismo... Un reencauche de Circo Beat que fue bueno para su tiempo, pero que ya no oigo más... Que los recuerdos de niño, que la nena que lo miraba, que la faldita y la lonchera... Ya estuvo bueno de eso. Fito se ha tarado, me digo... Pero con la esperanza de que sea simplemente un espasmo provocado por andar editando sus metros de film, tomo aire y voy para otro... la magia del aleatorio.

El piano de “todo aquello que viví”, pero más piano y con percusión del Brasil... la imagen pinkfloidiana del man sentado con el reloj de Mickey y la fotico –Dios mio, sí, la fotico en la pared– ¡Yo se que te aliviará...! que si estás en la mierda, que si no puedes, que si estás llevado de la mala, fresco, que con este cantico Fito te lo arregla... Sin palabras. Este hombre sufre definitivamente de un espasmo cuarenton en el que uno piensa que las güevonadas que se cantan en el baño son importantes para todos.

Pero por pura fe, de aquella que me hizo escucharlo tantos años, evito escapar sin verificar y voy a otro corte. Mierda, no... esto no... “Caminando por Rosario, caminando por ahí, Caminando por Rosario, siempre vuelvo a sonreír”... ¿Fito? ¡Comé mierda! ¿Qué se hizo esa audacia en las letras? Mientras me tomo la cabeza a dos manos, y pienso en lo que dirá Pachito, se filtra un tema más ¡Por Dios, esto no para! lo que sigue es una mezcla de tres viejas canciones juntadas a la brava en un verdadero autohomenaje ¿se habrá metido en la honda D.J Mezcla–mix, como dicen por acá? Este man se nos agüevó...

Ahí paré.... no más... no más. Solo espero que la película se salve de aquella desastrosa inspiración. Pero me temo que no vaya a ser así.

3/3/07

ENTRE INVISIBLES (Festival de Berlín 2007)



Barden (Mar adentro) llamó a unos amigos Wenders (París, Texas; El cielo sobre Berlín; Tocando a las puertas del cielo; Alicia en las ciudades), Coixet (La vida secreta de las palabras) o León de Aranoa (Los lunes al sol) ahí de bacilón. El encargo, realizar un capítulo dedicado a países en crisis humanitaria para un documental a coro. A estos países, Médicos sin fronteras les llama ‘invisibles’ porque nadie se interesa por ellos, ni los medios de comunicación, ni los servicios internacionales -inútiles por vocación- y mucho menos sus gobernantes. Aunque a veces el cine, güevolliwood, hurga en el club de los invisibles buscando alguna historia de explotación absurda o sufrimiento infame.
En la exclusiva lista de sociedades en el límite del abandono y la barbarie está Uganda por el reclutamiento infantil para la guerra; las zonas de Suramérica con mal de chagas, ahora incurable porque las farmacéuticas ya no producen medicación para 18 millones de pobres; Centroáfrica y la enfermedad del sueño que puede curarse con un medicamento usado en Europa para controlar el vello corporal; el Congo y las agresiones contra la mujer en medio de la guerra; y por último, en este ejemplar conjunto, aparece Colombia con tres millones de desplazados.
Me repaso este prestigioso balance para ver el mal de chagas en el Catatumbo o en cualquier selva, las mujeres ultrajadas que huyen a las capitales de provincia, los hijos reclutados por la violencia ¿falta la enfermedad del sueño? En nuestro país ‘invisible’ se acumulan los males de los demás miembros de la lista. El impasible club visto desde Colombia parece tener un solo miembro. Sin embargo, somos invisibles para nosotros mismos y no hay espejo posible, ni reflejo en lugar alguno.
Este documental no será estrenado junto a ‘Showgirls’ o ‘The Queen’ en el Andino, porque se trata de un insulto, un descrédito al país de la pasión…un ‘invisible’ apasionado por su conveniente ceguera. No somos invisibles porque el resto del mundo no nos quieran ver, sino porque estamos cegados en un mar de claridad. Somos el Edipo que vaga por los caminos con los ojos en sus manos, va siempre p'lante en su marcha hacia ningún lugar. Más que un país sin reflejo en el espejo del mundo, se trata de un país cegado por la cosmopolita Bogotá, la industriosa Medellín y la Hay-Cartagena.
Algo más en: http://www.msf.es/noticias/noticias_basicas/2007/Invisibles.asp

14/2/07

Un pellizco desde el pasado

San Victorino - 1890


BOGOTA DESPUÉS DE UNA REVOLUCIÓN
Escrito en Bogotá hacia 1863, luego de la caída intempestiva de Tomás Cipriano de Mosquera, luego de tomarse a sangre y fuego el poder de Bogotá, a nombre del Estado del Cauca.


Por Tamuria§

Difícil, por no decir imposible, es comprender a fondo, en estos momentos, la situación moral de los habitantes de esta ciudad. Enclavada en el corazón de las cordilleras; sin industria ninguna propia, sin fábricas, sin caminos, escasa de capitales, sin comercio activo; con una pobla­ción mayor que la que sus producciones pueden mante­ner; paralizados los antiguos negocios, sirviendo de refugio a un gran número de emigrados de otros lugares, domina en el conjunto un sentimiento de malestar, de desconfian­za y de mal humor.
La liquidación general de cuentas, suspendida antes por la guerra, empieza a mostrar alteraciones en la condición monetaria de los negociantes; el aguijón de los acreedores empieza a punzar dolorosamente; las esperanzas de me­jora que se fundaban en la paz han sido burladas por la desconfianza y la atonía que aún reinan en los negocios: la incertidumbre sombría que se siente sobre lo que su­cederá el día de mañana, domina en todos los espíritus. El descontento es unánime, la pobreza universal, los há­bitos de ociosidad formados durante la guerra, están dan­do frutos de vicio, y el sentimiento de las propias dolen­cias parece sobreponerse ya al del interés público, que dominaba antes toda la atención. El aislamiento forzado de los días de guerra mantiene todavía la separación entre las familias; cada cual se concentra más dentro de sí mismo, y el egoísmo, envenenado con un principio de malevolencia, puede decirse que es la pasión dominante en la sociedad.
La mendicidad ha llegado a su colmo: la mendicidad de mil formas que, como Proteo, reviste unas veces los harapos del pordiosero, la ruana lustrosa del artesano arruinado, la mantilla empolvada de la señora vergon­zante, el gabán roído del empleado cesante y hasta el vestido flamante del petardista recién inaugurado. Ban­dadas enteras de niños vagabundos recorren las calles: cojos, mancos, tullidos, cepedas [1] colosales se exhiben por dondequiera. Los grupos de familias mendigas, que un espiritual amigo nuestro comparaba ahora años al de Laocoonte, se muestran por las calles, más torturados por el hambre, que lo fueran por las silbadoras serpientes de Virgilio, el sacerdote troyano y sus hijos.


La doble a Usaquén-1896

El bogotano emigra rara vez. «De Bogotá al cielo» es su patriótica divisa, y ni la miseria, ni las palizas, ni la carestía, ni el tifus, ni las siete plagas de Egipto, serían poderosas para hacerle abandonar el monótono espectácu­lo de sus calles desiertas, ni la devoción a los cerros de Monserrate y Guadalupe, sus dioses lares, de quienes no se resuelve a separar, ni tampoco a llevar, como Eneas, a las espaldas, en la emigración. Aumenta sus combinaciones para gastar menos, reduce sus consumos a proporcio­nes homeopáticas, inventa profesiones raras; pero no emigra a otras tierras. Hace mercado a las dos de la tarde, hora en que, según es fama, el precio de los víveres baja a menos de la mitad, abre agencia de epístolas desgarra­doras «a los caballeros de buen corazón»; profesa la homeopatía, ciencia de proselitismo abundante en los días de escasez, vende sus libros, sus joyas, su herramienta, su sombrero de la moda anterior; pero, como decía en la Convención de Rionegro el general Piñeres, santafereño reforzado, aunque sólo por naturalización, ante la idea de emigrar, el bogotano respondería como aquellos muy no­bles indios invitados a ceder sus tierras al conquistador: «Les diremos a los huesos de nuestros padres, de nuestras esposas y de nuestros hijos que se levanten y nos sigan, y si nos obedecen y nos siguen, entonces dejaremos la tierra natal».
Hay momentos en que, al caer la luz del día, el es­pectáculo de las calles tiene algo de vertiginoso, en que no se las cree pobladas de hombres sino de sombras errantes, parecidas a las que el paganismo condenaba a vagar por las orillas del Aqueronte con la forma de los muertos que no recibieron sepultura en la tierra. «¡No he almorzado!», susurra a vuestro oído por encima del hombro un fantasma macilento que ha seguido por media cuadra vuestros pasos. «¡Señor caballero, medio real por amor de Dios, para mi chocolate y una vela para acos­tarme!», os dice poniéndose a vuestro lado una pobre vergonzante: «estoy cansada de pedir». Más luego os cierra el paso un anciano encorvado, sostenido en un bordón, y da una mirada larga, profunda, fosforescente, estira en silencio hacia vos una mano flaca y vacilante, ante la cual Harpagon mismo registraría conmovido en el acto sus bolsillos. Delante de mí camina una figura extraña. Su sombrero de pelo era de moda ahora diez años; ancho en la parte superior de la copa, se adelgaza hacia las sienes encima de una ala arriscada en forma de barquillo; la casaca tiene un cuello voluminoso en forma de cordero pascual, y las faldas de punta de diamante se cruzan una sobre otra, semejantes a las alas de un gallinazo que huye a saltos pequeños delante de un perro; entre el chaleco y los pantalones muestra la camisa una faja de color inde­ciso; las piernas del pantalón fuertemente apretadas sobre los huesos, no alcanzan a cubrir el tobillo y muestran debajo de las faldas de la casaca un hueco por donde pasa la luz, semejante a la curva que describen los dos huesos de un esqueleto; las suelas de los botines dobladas sobre sí mismas, arrastran sobre el enlosado con un ruido espe­cial. Al llegar a la esquina pude conocerle a la luz del reverbero:
«¡Y érase hermoso y joven y lozano:la envidia de un salón érase ayer!»

Algunos que en otra época eran empleados o militares en servicio, o abogados con alguna clientela, vagan hoy por las calles como fantasmas de sí mismos, con la vista empañada, las facciones descoloridas y el pensamiento concentrado en esa eterna cuestión de ¿qué haré hoy?, ¿qué comerán mis hijos mañana?... Esa huella profunda del sufrimiento, esos círculos azules alrededor de los ojos sin sueño, esa fijeza aterradora de las miradas, ese estar siempre absorbido por una sola idea, ese aspecto particu­lar de los ojos que parecen mirando hacia adentro del cerebro, el cuadro de la mujer y los hijos sin pan, ese aire de abatimiento que dan los dolores del día, el recuerdo de otras épocas más afortunadas y la duda sobre la posibilidad de mejores tiempos; todo eso produce un conjunto de fisonomía y de expresión general que Murillo o Ve­lásquez serían impotentes para reproducir, pero que una vez visto no se olvida jamás.
La peor de las miserias no es la que ha llegado al fondo y perdido ya la sensibilidad a fuerza de infortunios, sino la que apenas ha entrado a la puerta, perdido a medias la luz de los buenos tiempos y que sintiéndose precipitada en la pendiente resbaladiza de la miseria, lucha sin fruto y espera y desespera todos los días. ¡Qué días tan aciagos! ¡Qué noches tan tenebrosas! ¡Cuántos dolores en la vibra­ción de estas palabras en la boca de un hijo!: ¡tengo ham­bre! ¡Cuántas angustias al sentir que se aproxima la hora del almuerzo, sabiendo que está vacío el bolsillo y la des­pensa barrida hasta de las migajas! ¡Cómo deben sonar los minutos en el corazón de los padres! La idea del día siguiente debe desterrar el sueño de los ojos, la alegría de los semblantes y la sonrisa de los labios! Debe de haber en esos dolores comprimidos, en esas lágrimas silenciosas, más dolor del que el vaso de la paciencia puede contener. La idea del delito debe aparecer en medio de esas visiones, primero con el aspecto odioso de la sensación, después quizás como el ángel salvador de la necesidad.
Y sin embargo, ¡contraste raro de los misterios del corazón humano!, nunca ha sido mayor la escasez de medios de vivir en esta ciudad, y nunca más numerosos los matrimonios. Hay en esta contradicción aparente más de un objeto profundo de reflexión. ¿Producen reacción en las pasiones del hombre los azares y las vicisitudes de la época tempestuosa que estamos atravesando, en el sen­tido de determinar la necesidad del reposo y de los goces tranquilos del hogar doméstico? ¿El sentimiento de los odios políticos excita y aviva, por una ley de equilibrio moral, los dulces afectos del amor hacia un ser privilegiado y excepcional? ¿Acaso la pobreza causa vértigo como el abismo, e impulsa a los hombres a llegar al fondo de las necesidades, multiplicándolas por medio del matrimonio y de los hijos? ¿O en su labor eterna e inescrutable, quiere la naturaleza reponer por medio de la reproducción física los vacíos que las batallas han dejado en la lista de los vivos? En fin, sabia en sus fines, pero misteriosa en sus medios, ¿quiere la Providencia corregir las pasiones ira­cundas del hombre, atrayéndolo con los deseos a la calma y a la paz que con lazo invencible imponen las obligaciones y los afectos de la vida conyugal?
Dejemos a los filósofos la solución de estas intrincadas cuestiones. El moralista severo, el calculista frío, repro­barán tal vez estas uniones a primera vista temerarias; mas no participaremos nosotros de tal opinión. Para nosotros hay en ese espectáculo una manifestación evidente de la necesidad imperiosa, irresistible, suprema, de la paz: manifestación acompañada de una fuerte sanción para hacerla imperar. En esos enlaces, imprevisores a primera vista, alcanzamos a ver una aspiración elocuente al trabajo, a la libertad, a la armonía de todos los intereses y de todos los hombres: una lección providencial de la necesidad de la tolerancia y del espíritu de conciliación en política; porque sólo estas dos virtudes pueden dar satisfacción simultánea al patriotismo y al impulso de la propia con­servación. Sólo la tolerancia puede dar a un tiempo cabida a las grandes emociones que despierta en el alma el interés trascendental de las sociedades, y a las dulces fruiciones del hogar doméstico; sólo ella puede abrir la posibilidad de sustraerse a la tiranía organizada de los partidos y dar campo al goce eterno y profundo que emana de la ex­pansión de los afectos de la familia.

Bogotá vieja
Algunos de estos enlaces entre familias de distinta opi­nión política nos traen a la memoria el trozo elocuente con que Víctor Hugo, concluye su juicio crítico sobre el drama de Romeo y Julieta de Shakespeare:
«En vez de concluir su obra con un anatema de deses­peración, Shakespeare lo resume con un grito de esperanza. La lucha entre el amor y el odio, de la que Romeo y Julieta es un emblema maravilloso, termina por el triunfo del buen principio; y la batalla que parecía perdida por el amor, concluye, gracias a una inesperada peripecia, por la derrota del odio. Estas familias enemigas a quienes la unión de dos amantes no había podido acercar, se reconcilian con su muerte y abjuran de los rencores y ani­mosidades que han matado a sus hijos. Los verdugos son convertidos por los mártires, y la victoria queda en favor de las víctimas. En lo sucesivo no más querellas intestinas, no más vendettas domésticas; los Capuletos extienden la mano a los Montescos; Etéocles abre los brazos a Polinices; Tiestes se arroja a los pies de Atreo. El sacrificio de Romeo y Julieta es el holocausto expiatorio que debe apaciguar las furias del fratricidio».
Que esta solución nos tranquilice y consuele. Esperemos, esperemos, porque el amor no se detendrá en el camino del triunfo: el amor es la fatalidad propicia que arrebata a la humanidad hacia la armonía divina. Hoy el amor funda la ciudad por la aproximación de las familias, ma­ñana fundará la patria por la aproximación de las ciudades. Algún día inspiradas por él las ciudades harán como las casas enemigas: renegar de sus rivalidades y celos secula­res, y entonces, no más güelfos, no más gibelinos. Los de Pisa extenderán la mano a los de Florencia, los de Ferrara a los de Rímini, los de Módena a los de Parma. Milán conspirará en favor de Mantua; Génova tomará las armas, no ya para arruinar sino para salvar a Venecia. El norte emancipará al mediodía; y el hijo de un pescador de la costa sub-alpina se embarcará en el huracán para ir a libertar la tierra de Massaniello.

______________________________________

[1] Cepedas. Así se llamaba en el colegio a los que padecían esa especie de lacra que se caracteriza por el crecimiento o hin­chazón extraordinaria de las piernas y los pies, y este nombre procedía de un tal Cepeda, músico dé milicias, tipo consumado de la especie.

§ Tamuria es el seudónimo de alguien que no quiso dejar su nombre. Un testigo anónimo, de cualquiera.

3/2/07

LA INVENCIÓN DEL AUTOR (III)


La vida rendida ante la obra adquiere el carisma del Autor. Los otros, lectores y recitadores siempre desbordados, exigen una representación, reclaman un personaje. Aquella imagen en el espejo que el Autor no resiste es el reflejo de gustos, viajes y romances. Adorador del personaje el pretendido autor inventa un reflejo antes que una obra. Después se ocupara de los libros, primero se preocupa de inventarse a sí mismo. Considera que su talento sacara del personaje una obra y un autor, no a la inversa.
El poeta ‘B’ -autor, en la sombra, de un misterio literario para el escritor ‘A’- se inventó primero como personaje. El esfuerzo creativo lo agotó de tal forma que no le alcanzó para rematar una obra. Sólo nos queda un personaje. El poeta ‘B’ inventor de sí mismo aparece junto a Borges, como un viajero más, en dos aburridas crónicas: “De cómo escribí un prólogo de Borges” y “Jorge Luis Borges: cinco poemas inéditos”. En la primera dice: “Habíamos llegado a Islandia…” y en la otra “La última vez que ví a (…) fue en New York…”.
El poeta vagamundos, personaje del poeta ‘B’, coincide con el Autor parodiado en dos lugares muy representativos de su biografía. En el primero de ellos le rinde culto al estilo de un bufón grimoso, muy lejos del viajero que ha visto el ancho mundo: “Me le acerqué, le dije que era colombiano, que le admiraba y leía desde niño”. En el segundo es testigo de un infrecuente ataque de inspiración: “De pronto vimos cómo María estaba escribiendo en un papel algo que Borges le dictaba y nos acercamos. María hizo señas para que no interrumpiéramos.”, luego en un taxi “Borges le dictó otro poema”. El Autor sufre iluminaciones repentinas en un parque de Manhattan y en un taxi, aliviado por la belleza de la comprensiva dactilógrafa. El poeta ‘B’ no se contiene y saca copias de los originales, ¡Ea! Tengo cinco poemas de Borges.
Unos años después, no se puede saber la fecha, el poeta ‘B’ hace algunos comentarios sobre el asunto “escribí la historia como en el año 86-87, a raíz de la muerte de Borges(…)cuando todo el mundo principió a sacar cosas que tenía guardadas de él”. El poeta ‘B’ no pudo ser menos que los demás y su personaje vagamundos asistió a dos inusuales eventos. El escritor ‘C’, que nos convida a ignorar los detalles del asunto por el bien de la ‘intelligentsia autóctona’, sostiene que “los poemas son de Borges aunque los haya escrito…” el poeta ‘B’ para que su personaje, a veces viajero otras bufón grimoso, contemplara incrédulo como los transcribía una guapa estudiante argentina en un taxi por el East-side.
El escritor ‘A’ dice al respecto un poco dubitativo: “Desde hace muchos años yo tenía la feroz sospecha de que ese soneto de Borges (Epitafio, se llama) pudiera ser apócrifo”. Antes que feroz se trataba de una sospecha taimada y escurridiza. Era ante todo una certeza que conocía las andanzas del personaje creado por el poeta ‘B‘. Aquel que escribió dos fabulas al estilo del pastor mentiroso, con la salvedad de que en su relato nunca aparece el lobo.
El escritor ‘A’ tuvo veinte años, antes de publicar la novela, para calmar su “feroz sospecha” que aun le hace redactar una suplica, si “algún bibliógrafo de Borges me pudiera ayudar, se lo sabría agradecer”. La respuesta a este quebranto proviene del Borges Center (Iowa University). En la revista que edita, “Variaciones” n. 22 de octubre del 2006, están publicados los cinco sonetos atribuidos a Borges por el poeta ‘B’, transcritos entre un paseo por el parque y un taxi. Uno de ellos le presta el título a la novela del escritor ‘A’, pero ninguno de los sonetos tiene nombre. A la súplica del escritor ‘A’ que sospecha del autor de su soneto -bautizado testarudamente por él mismo- el editor de “Variaciones” responde con risas enlatadas al fondo: “You're right-- they're not by Borges. (Very good imitations by HAT, with the collaboration of WO.)” (Próxima entrega: la conclusión…creo que nunca llegaré a escribirla, este asunto me saca de lo serio)

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