4/2/10

TOGAS PARA EL CAUDILLO


Las discusiones académicas solo le interesan a los académicos y en contadas ocasiones veremos a un político involucrarse en ellas, a menos que estas le reporten algún tipo de beneficio. Fue este el caso de la discusión Uribe vs. Rector-decana-profesores, de la última noche, en la que los trucos de salón del político se impusieron con facilidad a la candidez con la que a veces se acompaña la intelligentsia universitaria. Nuestra clase académica es rigurosa en sus investigaciones y se arma de poderosas maquinarias argumentativas para demostrar sus hipótesis, aunque en el caso de la disciplina llamada “política” aquel concienzudo aparataje suele rebotar con la mordaz parsimonia de un evanescente contraejemplo: la personalidad pública, la mayoría de las veces en fuga constante de los irreprochables motivos del poder, cuyo rastro está plagado de tretas y salvables ambigüedades. Aún falta una transcripción completa del ingenuo debate en el que los académicos se dejaron llevar por la senda de las cuestiones que el político esperaba responder y para las que llevaba por lo menos unas cinco respuestas, discriminadas según el momento, la audiencia y el tono del contradictor.
Se escucharon analogías desafortunadas por bíblicas, argumentos un poco al grito, interrupciones al acorralado mandatario que desvelaban falta de autocontrol por parte de los educados contradictores y hasta un besamanos con genuflexión que sorprendió al mismo sujeto de todo aquel debate, y claro está, los oportunos silbidos del público que con sus ¡¡¡uuhhh!!! y sus ¡¡¡oohhhh!!! expresaban una amplia conmiseración, en deferencia a sus admirados profes. En resumen, hasta Turbay hubiera podido escapar ileso de esta inofensiva encerrona. Para que en este tipo de circo universitario-propagandístico el político no se lleve las palmas por la defensa de su "buen gobierno" y el académico pueda experimentar la indiscutible veracidad de sus aserciones por el silencio culpable del invitado, aquí va un pequeño decálogo para no rasgarse la Toga al final del “conversatorio“:

1. El político no se rige por la ley de no contradicción, no formula argumentos por reducción al absurdo y es factible que jamás admita como cierto lo que ha dicho cinco minutos antes.
2. Intente olvidar cualquier argumento que contenga la palabra ‘moral’, ya que el político se tiene a sí mismo por la encarnación del tipo de atributos que implican esa conocida expresión. La única prueba útil son las del tipo “vestido de la Lewinsky”. Fotos y videos están descartados por “montajes” o el recurrido “jamás estuve ahí”.
3. No mencione a sus aliados políticos, porque ellos son muy “leales” o “sólo dios sabe lo que hacen”.
4. Jamás interrumpa de manera exultante a un mandatario sospechoso de conductas antidemocráticas, porque él se pondrá como ejemplo-víctima de la misma conducta.
5. Sólo invite a los políticos a la universidad si se trata de conferencias, con preguntas del público bien preparadas e inocuas, a comidas y desayunos que incluyan condecoración o alguna toga doctoral. En esos momentos son personas muy simpáticas. Siga el ejemplo de Ortega en Nicaragua:

6. Se ruega, y esto es muy importante, leer y releer “El principe“, tres veces, 24 horas antes del debate. Si le resulta más sencillo memorícelo.
7. Indispensable estudiar el lenguaje corporal, las muletillas y adagios que usa el político. Se trata de un combate de boxeo, estudie a su rival a conciencia.
8. Para que la anterior no se quede floja es necesario entrenar y duro, medir el uso de cada expresión para cerrar puertas a cualquier escape retórico del gobernante, use cifras no manipuladas y recuerde que las matemáticas son su talón de Aquiles. Al fin y al cabo la democracia es la tiranía de la estadística.
9. “El fin no justifica los medios” si los medios que deja entrar a la universidad son los más afines con el gobernante en cuestión. Olvídese de los medios, llévelos a una sala aparte y cree su propio documento de la jornada.
10. Si el político invitado es un dictador en potencia, que se va a postular por tercera vez a la presidencia después de reformar dos veces la constitución, no olvide que usted y su universidad están cometiendo una verdadera insensatez. No abuse del sentido común.

25/11/09

Espejismos de un bicentenario cualquiera

Autosubrogarse el «hoy» del «yo» viviente y actuante en el «ayer» del «él» de la historia que un día lo contará, o, dicho de otro modo, representarse el «hoy» de lo que en primera persona puede uno decir de «sí» como el «ayer» de lo que en tercera persona podrá decir de «él» un narrador futuro es transfigurar la propia persona en «personaje» y, por ende, adoptar, de la forma que fuere, «condición histórica»; dicho, naturalmente, en un sentido lúdico y caricaturesco.” R. Sanchez Ferlosio (God & Gun)

Este complejo apunte de Sanchez Ferlosio que debe leerse con calma –de tres a seis veces- me explicó por fin las sospechas que he guardado sobre las conmemoraciones del bicentenario de la Independencia, próximo a celebrarse en medio de un aparataje muy postcolonial y democrático. En la página web que el gobierno ha destinado a la magna fecha se despliega una completa agenda de precelebraciones: demasiados actos culturales, innumerables conferencias, videos y fotos de muchos políticos en apogeo. Entre ellos está un documento, “Visión 2019”, que no es nada histórico -más bien ideológico y babeante- en el que el rebaño que hoy gobierna explica el por qué de la celebración y lo que tiene que ver con el futuro, casi con el destino, del país. La analogía, para explicar está absurda relación, es una verdadera bofetada cerebral: de la misma manera que en 1810 ocurrió el grito de Independencia -lo que tan sólo fue una modesta rencilla de hortelanos en un mercado de pueblo- en 2010 dará inicio a un periodo de “redención” nacional. El maravilloso proceso acabará en 2019 igual que las heroicas batallas de 1819, las que nos dieron la libertad; fecha que tan sólo fue el preludio a las guerras civiles entre facciones de criollos que, literalmente hambrientos de poder, se disputaron el dominio de las nacientes “republicas aéreas” que hoy -todavía- malviven. Una de las perlas del documento es que la lucha por la independencia abrió “las compuertas” a la historia de lo que somos. Interesante palabra, emparentada con las esclusas de las hidroeléctricas y las maniobras de desembarco de una potencia extranjera.

Esta imagen “comportal” acaba en un panfletario análisis historiográfico: “…por razones que es difícil precisar, los departamen­tos de ciencia política y de historia de las universidades colombianas han reemplazado, erróneamente, la historia política por la historia de la violencia”. El documento dicta, así, el modo en que la historia debe ser contada, pues debe olvidarse la historia de los hechos (la violencia) y resaltar, en cambio, los hechos en la historia (la política). Esa interpretación de los hechos en la historia como una parsimoniosa aproximación al zenit político que vive hoy el país, con el rebaño y el pastor gobernante a la cabeza, es la que explica por qué se abrieron las compuertas de la Independencia en dirección al certero destino que “Visión 2019” nos augura. Esta regañina a la inteligencia es lo que se esconde detrás de tanto evento cultural, un instrumento más de control de lo que es pertinente saber y celebrar de nuestra historia.

El vecino Chávez no necesitó bicentenario alguno para conmemorarse a sí mismo como heredero de Bolivar, le bastaron sus ganas de presidencia vitalicia y las demás formulas autoritarias que el Libertador aplicó en su día. Esto le ayudo a olvidar que el amado héroe aborrecía la presencia de indígenas, negros y mestizos en las instituciones políticas; para el criollo Simón de la Santísima Trinidad la independencia de las colonias no podía acabar en una “PARDOCRACIA”. Por el comportamiento de Chavez y las babosadas de “Visión 2019”, historiadores como Rafael Rojas (ver El bicentenario y la tradición republicana) afirman que los bicentenarios por venir están lastrados por una praxis política en la que hay mucha democracia y poca republica, lo que quiere decir que la ciudadanía participativa, en igualdad y libertad, ha sido atropellada por el caudillismo reeleccionista, censor y corrupto de nuestros días. Ese caudillismo genera una especie de efecto especular que mirando hacia atrás busca en la historia un aparato simbólico para proyectar hacia adelante un futuro acorde con lo que “fuimos” y así inventar para la historia, aun no contada, los hechos de un personaje digno de los que alguna vez fueron, pero que en él seguirán siendo. Ese efecto especular de la historia de los caudillos, que hoy gobiernan las antiguas provincias de la nueva granada, sirve para recordar una descripción decimonónica del personaje literario que ellos encarnan : “Hombre político, sagaz, diplomático, enérgico (…) algo teatral y algo jactancioso en su porte y en sus mismas costumbres, pero conocedor profundo del pueblo que mandaba, era el único capaz de someter y hacer temblar a aquel pueblo pendenciero y alborotador, incorregible y medio loco” (Miguel Pardo, Todo un pueblo, 1899) Creo que esta es la dirección hacia la que deberíamos orientar la historia no sucedida del próximo bicentenario: las intenciones de perpetuarse del histórico, pero vigente, caudillismo latinoamericano.

11/11/09

EL ENSTUSIASMO POR EL ERROR


Adoramos el engaño, nos enloquecen las mentiras y las apariencias. Nada como los mitos navideños, las lozanías turgentes del photoshop, la retórica contra la pobreza y las guerras de los gobernantes o las indecentes promesas del optimismo económico -¡saldremos de la crisis!-, para comprobar que la fascinación por el equívoco moldea el carácter individual y colectivo de nuestros más “libres” propósitos, de nuestros más encumbrados ideales, que a manera de sombras deambulan entre la superstición tecno-publicitaria del mundo.
La certeza en la incapacidad humana para sustituir el error por la verdad le fue inspirada a un reconocido exiliado florentino por el papa Alejandro VI, cuyas maniobras políticas le sirvieron de prueba fáctica de la inclinación del hombre hacia la mentira: si hay alguien dispuesto a engañar siempre habrá muchos más dispuestos a ser engañados. Esta máxima de la vida política ha permanecido intacta en la historia de todas las formas de gobierno, tanto que su éxito fue materia del concurso que Federico II de Prusia convocó desde la Academia berlinesa (en 1774): ¿Es conveniente y útil engañar a los pueblos? La respuesta volteriana es negativa, pero la realidad política es evidente. El error es necesario para que los gobernantes presuman de fomentar el bien común infundiendo temores, sentimientos patrióticos o falsas supersticiones, mezclando así verdades con errores o diferenciándolos cuando sea oportuno: el poder sería criterio de verdad.
En su respuesta al concurso berlinés, Condorcet decía que mezclar la verdad y el error como garantía para la obediencia del pueblo desemboca en una confusión extrema entre los principios morales y las acciones ilegítimas, entre lo que es un sentimiento inducido y lo que es razonable hacer. De modo que los hombres presos de la confusión serán libres, sólo, para decidir qué errores cometer o qué nuevo amo escoger. El error es un instrumento feroz que conlleva violencia, porque los crímenes pueden ser apreciados como acciones compatibles con los sentimientos naturales del ser humano, da como ejemplo la noche de San Bartolomé. El hombre preso del ENTUSIASMO POR EL ERROR es la bestia más peligrosa, pues no es capaz de distinguir, en razón de su ignorancia, la verdadera motivación de sus acciones. La identificación que hace Condorcet entre error y violencia, entre confusión y ferocidad, nos ofrece la cara más seductora del control político: la relación entre los agentes violentos y la inducción de la ignorancia. El mismo autor confiaba en que los gobiernos tuvieran en cuenta el ERROR como un malestar de la vida pública, un problema que debía ser tratado con un modelo educativo que atacara la transmisión de los “antiguos” errores hacia a las nuevas generaciones, una sociedad que funcionara como un gran centro pedagógico y no como una gran productora de engañifas.
El camino que va del error hacia la verdad está plagado de problemas, decía Condorcet. El principal de ellos es la creencia de que el engaño es un instrumento, asumido, de crecimiento biológico, social y político. No es difícil escuchar que la mayoría de los seres humanos se levantan todas las mañanas para ser engañados por la publicidad, las noticias, hasta por los productos culturales que ofrecen lo que “verdaderamente ha pasado” en la historia o en los sucesos más recientes de nuestro tiempo. Sabemos que nos engañan, sabemos que todo es mentira y sin embargo no sabemos por qué. Los neurocientíficos, los psicólogos, los especialistas en marketing, los directores de cine y los escritores de best-sellers nos ofrecen explicaciones muy elaboradas acerca de cómo lo parcial, lo fragmentario, lo oculto, lo simulado, lo mentido, está presente tanto en la naturaleza de nuestro cerebro como en el origen de una religión, sin contar las relaciones interpersonales o el consumo. Estamos tan familiarizados con el error que es imposible que represente, como para Condorcet, el síntoma de un problema público que debe ser tratado como una materia de interés general. A nadie le preocupa que le digan la verdad sobre nada, le preocupa que le digan algo, así sea una mera estrategia de venta, de negociación, de información etc., que encubre una motivación tácita, no revelada, pero real, de manipulación. Nos interesa que alguien nos diga algo, así sea una sarta de mentiras, de ahí el éxito de ciertos políticos, de ciertos líderes religiosos, de algunas “celebrities”, que sólo dicen lo que deliberadamente debe ser escuchado. Consulte su periódico más cercano, escuche la alocución de un gobernante, vea un anuncio publicitario, si en todo ello no detecta un entusiasmo enfermizo por el error y la mentira, por favor no lea jamás a Condorcet, siga disfrutando de su predestinada susceptibilidad al engaño.

2/11/09

EL 76% DE BACHELET

Sobre el género y el de-genero en democracia; un par de lecciones acerca del funcionamiento del Estado a cargo de una Señora Presidenta (ENTREVISTA EL PAÍS) Pregunta. Ya que goza de una enorme popularidad entre el electorado chileno (76%), ¿se le ha pasado por la cabeza cambiar la Constitución de tal modo que pueda repetir en la presidencia? Respuesta. Creo que en la vida como en la política hay que ser ética y estética. Jamás cambiaría yo una situación para beneficio personal. Si yo alguna vez hubiera pensado que hay que hacer un cambio a la Constitución, habría mandado un proyecto de ley que hubiera entrado en vigor desde el próximo gobierno en adelante, no para el propio. Creo de verdad que no es una buena política que las personas arreglen las legislaciones, el mundo político, la autoridad a su tamaño. Los cambios en las leyes, en las instituciones tienen que ser para mejorar la situación del país, no las situaciones personales. Eso no me interesa, y no estoy de acuerdo. P. Pero, tras vivir cuatro años la pompa del poder, ¿puede entender esa desesperación de algunos por no abandonarlo? R. No soy un buen ejemplo para contestar eso. Lo único que quiero hacer en los meses que me quedan es cumplir los compromisos con la gente, porque a eso vine. Ahora... algunos dicen que el poder es sexy. Pero a mí no se me ha generado esa droga. El boato no me impresiona, ni los fuegos artificiales. Lo que sí he visto es que tiene que ver en algunos casos con la ambición personal, que puede ser ambición de fama. También he visto que hay en esto algo vinculado al género. No sé si es un tema de la naturaleza, o si es cultural, antropológico o biológico, o está relacionado con el momento de la historia en el que estamos. Pero he visto habitualmente en el trabajo (aunque, debo de insistir, hay de todo) que en general las mujeres se relacionan con el poder más desde la óptica del servicio a los demás.P. ...Mientras que el hombre... R. No quiero caricaturizar..., pero... parece ser que en el caso del hombre se ofrece una suerte de atracción fatal más potente por el poder. Le pasa una cosa distinta (aunque insisto en que hablo en términos generales, y hay excepciones). Se le produce una atracción por el poder que vive de manera diferente de una mujer. No estoy hablando de presidentes de la república. Lo he visto en jefaturas diversas, ministerios, muchos sitios: hay gente espléndida, encantadora, que cuando llegan a un cierto cargo se transforman en pequeños dictadores. Algo les pasa con las alturas. Llegan y se marean. No es que no pase con las mujeres, pero mi pregunta es si las mujeres no han tenido todavía suficiente exposición al poder para mostrar estas características, si a lo mejor es sólo un problema de tiempo, os es que hay algo más ontológico. P.¿Cuál cree que es la respuesta? R. Éste es un juicio empírico; no pretendo armar una teoría, pero... Hay una mujer llamada Gilligan que ha hecho estudios de neurociencia basándose en observar cómo el niñito y la niñita resuelven los conflictos en los jardines infantiles. Ella dice que todos quieren resolver el conflicto (por eso no digo que los hombres llegan al poder a hacer una cosa mala y las mujeres una buena), pero las mujeres, cuando resuelven un conflicto, buscan el win-win solution. Buscan que el resultado sea bueno, pero no a costa de muchos heridos en el camino, sino de que ojalá todos salgan ganando. En cambio, los hombres se preocupan más por el resultado que por el proceso. No quiero asegurar que esto sea completamente cierto. (¡Y no digo que las mujeres son mejores que los hombres!). Pero lo que sí quiero decir es que creo que hay que buscar el mejor aporte de mujeres y de hombres, porque aparentemente hay algunos rasgos de liderazgo que pueden ser distintos, y con liderazgo complementario una sociedad puede hacer más cosas.

25/9/09

Hecatombe sin doctrina


La teoría-conspirativa que nos propone el documental The Schock Doctrine, elucubrada desde un par de ideas del padre de los “Chicago boys” Milton Friedman, nos dice que es posible simular o manipular la recepción social (el schock) de los desastres (guerras, epidemias, terrorismo) para empoderar y “enriquecer” a una élite. Con varios ejemplos se muestra que el Schock es una especie de hilo conductor de la historia en el que el trauma colectivo, generado como reacción a una catástrofe, puede ser planificado para conseguir el hundimiento social y con ello imponer modelos deshumanizados de rendimiento económico o control político. Esta práctica tiene casos flagrantes en una dimensión global, pero si vamos a las regiones -a las localidades- vemos que sin que nadie conozca nada de Friedman la cadena del terror y la desinformación creada a partir del Schock social consigue resultados políticos impensables antes del “desastre”.
Uribe no tiene significado alguno sin el recrudecimiento del conflicto protagonizado por la desbandada paramilitar de los 90, de la que el mismo Estado fue participe, sin el fracaso del diálogo de Pastrana y sin las escandalosas derrotas del ejército. Este es un genuino producto de la manipulación del Schock que ha logrado cambiar dos veces la Constitución y que incluso formula ambiguas predicciones acerca de la “hecatombe” que ocurriría si el conjunto de las instituciones políticas y los ciudadanos no acatan la voluntad del único interprete, y/o curandero, de los traumas nacionales. Se trata de la versión criolla del Schock Doctrine de Friedman a la inversa, porque la realidad nacional es tan desastrosa, tan traumática que sólo puede esperarse una cosa: más y más catástrofes. Uribe no necesita a Friedman para manipular, porque él mismo es el culebrero de la catástrofe y el artífice del schock nacional.

6/9/09

MIERDOCRACIA (SHIT-CRAZY GOVERNMENT)



“Las heces de los habitantes de Oslo moverán los autobuses municipales de la ciudad”
20 Minutos



El poeta y cuentero Jorge Navarro decía encabezar un movimiento político llamado el “NIMIERDISMO”. Uno de sus propósitos era crear un impuesto a la cagada para recuperar el erario público. El bienaventurado mecanismo consistía en poner cagometros en cada toilette de la nación y cobrar por cada excrecencia y por cada gramo expelido; aprovechando así nuestro cotidiano deber biológico con la ingestión alimentaria. En está alucinada defensa de la carga fiscal a las heces no se llegó a proclamar si cagaleras, flatulencias y pedicagadas tenían un régimen especial, si había exenciones durante la cuaresma o si era posible construir con mierda las mismísimas instituciones políticas. Pasado el tiempo la ficción partidaria se ha impuesto, ocupando el poder legislativo a nombre del ejecutivo y dejando el prefijo “NI” para quedarse en el íngrimo “MIERDISMO”. No se trata de un partido, sino de un estilo de gobierno en el que cualquier pedorreta puede ejercer de MIERGISLADOR desde el trono de su asqueroso culo. Por mayoría los MIERDOTANTES del COPROTOLIO han aprobado una singular DIARREA-LESGISLATIVA para preservar el poder de su santa mierda. Los obedientes electores deben ahora untar sus dedos en la mierdosa prorroga de este hediondo poder y refregar sus votos en el CAGORENDUM que garantizará la elección ilimitada al untuoso CAGODILLO, el que más mierda puede hacer comer a su hambriento país. Marrones de entusiasmo chapotean en las letrinas, elevando sus lúbricos belfos a las potentes nalgas de su protector, el orto que alimentará los festines del COPROTOLIO.
Aquellos estupendos productores de mierda institucional, impunes tragadores y vendedores del producto de sus intestinos quieren hacer creer a los ciudadanos que los chorongos de diez plantas con vistas a la CASA DE CAGUÍ son el comestible de la democracia. Pasará lo de aquel chiste: cuando la mierda llegue al techo y toque los ventiladores habrá que buscar refugio detrás de las cortinas o lucir nuestras "manchas solares" con dignidad patria.

19/8/09

La democracia autorreferencial (El Estado -de opinión- soy yo)


“En los Estados de opinión -y yo creo que la característica más importante del Estado colombiano es que es un Estado de opinión- el control más importante es de opinión”
A. Uribe

Los tibios analistas nacionales pierden los ojos por descifrar el contenido de la majestuosa irrupción de un nuevo concepto-engendro de factura 100% nacional; exportable sin duda. Uprimmy busca definiciones oficiales, Holguín dice no tener idea de lo que significa y Restrepo lo tiene un poco más claro “al hablar de estado de opinión el presidente Uribe entendía lo que dicen las encuestas que, a su vez, reflejan lo que dice la televisión (…) lo que vocea la radio en las periódicas entrevistas de más de una hora (…) Esa opinión, así trabajada, así de emocional, es la que manda, y recibe el nombre de estado de opinión”. No le busque, ya está definido.
A pesar de la claridad de este acierto, Uribe ignora que sólo en su cabeza -o quien sabe en cuantas más- existe algo parecido a un Estado de opinión de carácter político. Hasta ahora lo único con algún parecido es lo que la sociología llama la “estabilidad” de una opinión general, lo que puede ocurrir en cualquier grupo social. Se trata del resultado de un análisis estadístico, o sondeo, que muestra la “fotografía” de un estado puntual de opinión. Aquí “Estado” no tiene nada de político, tan solo es el momento en que un grupo toma una posición frente a algún tema de interés común y se queda quieto para una foto estadística.
La maña puesta por los ideólogos criollos está en aprovechar el sentido político de la “opinión pública” para adosarle, en voz de Uribe, funciones legislativas y gubernamentales. Opinión que es una mera creencia generalizada que ha sido inducida y manipulada. El “Estado de opinión” como un ente político es inexistente, un fantasma asistido por los medios de comunicación que sirven de escenario al espectáculo institucional de unas políticas públicas basadas en la autosugestión.
La propaganda gubernamental también cuenta con la ayuda del boca-oreja: la influencia del vecino, un formador de opinión a pie de calle. Cuando alguien está rodeado de una mayoría que opina de forma diferente, aquel tiende a cambiar su opinión por la del vecino. La física social, nos dice, que las opiniones se contagian por contacto e influencia, basta con escuchar los testimonios de muchos que dicen estar “rodeados de uribistas” y que para conservar los bienes que ofrece la amistad, la familia o el simple lameculeo, se callan sus verdaderas convicciones.
Las máximas de la Ilustración nos hablan de una opinión pública fundada en la razón y el debate público, no en la manipulación mediática y la presión social. El mito del Estado de opinión representa la creencia, legitimada por un concepto estadístico, en la integridad ética de un representante que ha destruido todos los caminos que se desvían de su agotado proyecto político. Tal como aparece en el discurso presidencial el Estado de opinión sólo puede referirse a sí mismo: El estado de opinión es el Estado fundado en la opinión que a su vez controla al Estado, esto quiere decir que todos los Estados de opinión son como el Estado de opinión en que la opinión funda el Estado controlado por… Para resumir: la opinión general respalda a Uribe; la opinión es el Estado; por lo tanto Uribe es el Estado (Q.E.D)

9/8/09

No country for Garzones



"Qué orgullo patrio sentí al ver la revista esta Semana, que trae en la tapa al civilista gobernador de Antioquia, doctor Álvaro Uribe Vélez. Un hombre de mano firme y pulso armado. Líder que impulsa, con su aplomado cooperativismo, pacíficas autodefensas que él, iluminado por los soles de Faruk, llamó Convivir (…) Álvaro vislumbra todo un país convertido en zona de orden público, como una sola Convivir donde la gente de bien pueda disfrutar en paz de la renta. ".
Godofredo Cínico Caspa


Después de 10 años de su asesinato viajan por la red las escenas en las que Garzón, vistiendo la piel de sus personajes, mamaba gallo con el entonces presente -futurible- de nuestro entrañable paisito. Aquellos monólogos resultaron predictivos. Los gags de una cruda visión profética en la que un guachimán, un tinterillo o un lustrabotas se burlaban de la realidad que nos caería encima años después. Ahora aquella excedencia de realidad es el “burletero” espíritu de la nación y a casi todos se nos fue la risa.
La transformación de la bufonada en profecía resulta obvia si leemos de otro modo los chistes de Garzón. Podemos sustituir el nombre “Uribe cree…piensa…ve” por “El 84% de los ciudadanos, incluido Uribe, creen…piensan…ven”. Ni el más cruel de los cinismos hubiera imaginado que las burladas opiniones de un gobernador de provincias serían después la voz de la voluntad popular, el aglutinante de toda una sociedad. Creo que no sobra preguntar qué pasaría si Garzón viviera ¿sus mamaderas de gallo serían tan graciosas? Hace diez años ya no lo eran, aunque todos reían con entusiasmo.
La clave para comprender cómo las tres ideas de un político cualquiera se transforman en la ideología que pastorea a las mayorías electorales está en la presunta “conexión directa”, o el dialogo telepático, entre la voluntad popular y los políticos. El supuesto democrático dice que los electores delegan el mandato en un representante para que este obedezca el interés de los votantes, sin embargo un buen día los intereses personales del representante entran en conflicto con los propósitos de los electores. Para resolverlo el representante intenta convencer y “hacer creer” a los electores que no hay tal conflicto de intereses. El representante subvierte la mentalidad de sus electores dirigiéndose a ellos como el pueblo, la patria…etc.; excluye a sus opositores del interés general con delicados insultos, apátrida por ejemplo; y enajena la voluntad de cada ciudadano con la formula “respeto la voluntad popular”, lo que se traduce en “todos respetarán mi voluntad”. Los electores, una vez identificados con la voluntad popular, se convierten en esclavos de su representante. La voluntad popular decidirá sobre cualquier cosa -v.g. la reelección ilimitada-, sus dictados serán ley y el intérprete de sus designios un autócrata soberano. En razón de los caprichos de la voluntad popular muchos países viven en un constante “ensayo civil” protagonizado por el transfuguismo de los negocios políticos.
A esta fuente de poder recurren por igual Uribe, Chávez, o los hermanos Castro, basta con detenerse en los motivos de sus innovaciones legislativas. Garzón quizá llegó a usurpar algo de esta “voluntad popular” con sus personajes desdentados y locuaces, o a lo mejor, quiso ocupar el puesto de uno de sus privilegiados intérpretes.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...