
La manera de contrarrestar lo que todos sabemos, hemos visto y hemos escuchado es reunirse con Clinton, que ha ganado millones haciendo de poster-boy, y darle un corazón que se supone es nuestro. Ese corazón destrozao, pisoteao y ninguneao lleno de colorines. Esos tonos -plenos de riquezas- que recitábamos con ilusión en la primaria : oro -ahora robao-, océanos -explotados por otros-, heroísmo -¿?-. Quien nos diría que el asalto a la historia de aquella infantil ‘gloria nacional’ sucedía mientras salíamos a comer un churro o correteábamos detrás de un balón. Por eso preferimos con ingenuidad el churro, el veleño y el balón de micro a la rotundidad del detestable saqueo.
Otros prefieren un librito (“.CO“ se llama) de anécdotas varias en las que algunos restauradores del espíritu nacional cantan canciones de cuna o nos echan un cuentito para dormir del tirón. Esto sucede mientras el único periódico de circulación nacional o la emisora patria que transmite desde Miami, nos advierte con desesperación: es importante que nadie lo sepa…en voz baja compatriotas…la mierda llegó al cielo.
Todo sea por la imagen, todo sea por los colorines, así cueste mucho la sonrisa de Clinton y el tal librito no le importe a nadie.

